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miércoles, noviembre 21, 2007

Mutación Humana

Los mecanismos de la evolución biológica crearon y modificaron todas las especies de la Tierra a lo largo de más de tres mil millones de años. Según la teoría científica más aceptada en el mundo, la de Charles Darwin, el hombre surgió hace 2,4 millones por ese mismo proceso natural, por lo que sufrió varias mutaciones para adaptarse al medio ambiente. Sin embargo, se ha comprobado que la raza humana no ha experimentado mutaciones en los últimos 100 mil años. ¿Significa esto que hemos dejado de evolucionar y que seremos iguales hasta extinguirnos? La respuesta es afirmativa si se considera la evolución desde un punto de vista clásico, el biológico y natural, pero la realidad demuestra que nuestra especie se ha regido desde hace miles de años por la tecnología y la cultura, que tienen sus propias normas evolutivas y que podrían generar que el hombre se convierta en la primera criatura viviente que construya un organismo inteligente que lo sustituya.

“Nosotros, que construimos y utilizamos ordenadores, no somos intrínsecamente más inteligentes que los observadores de la era de las glaciaciones que vigilaban y posiblemente anotaban las fases lunares. Nada hay en nuestros genes que ordene al cerebro utilizar disquetes en lugar de buriles y lascas de piedra”, afirma el científico Marvin Harris en su libro Nuestra Especie.

Esto significa que las diferencias entre el hombre de Cromagnon y el del siglo XXI son ínfimas en cuanto a la evolución biológica clásica. En los últimos cien mil años, sólo se han podido comprobar mutaciones genéticas pequeñas que respondían a resistencias a determinadas enfermedades, pero que no formaban parte de la llamada “selección natural” de Darwin porque no alteraron la reproducción. Esto significa que la raza humana moderna es la primera en la historia que ha zafado de estas normas naturales y se ha ido modificando por medios sociales y culturales no genéticos.

Cuando el hombre estaba a merced de las fuerzas evolutivas de la selección natural, como cualquier otro animal del planeta, la lucha por la supervivencia determinaba quiénes sobrevivían y se reproducían y quiénes no. Los genes que permitían a los individuos adaptarse mejor al medio ambiente eran seleccionados y transmitidos a sucesivas generaciones. De esta forma y hace más de dos millones de años, se pudo establecer que en el África surgió el primer hombre que aprendió a golpear una piedra contra otra y así fabricar lascas con filos cortantes que le permitieron superar la dieta herbívora originaria y conseguir carne de forma sistemática, robándosela a animales carroñeros gracias al trabajo en equipo. Nació, entonces, no sólo la primera forma de inteligencia humana, sino también la técnica y la socialización.

Pero también este cambio de vida, de estilo, dio lugar a mutaciones genéticas y morfológicas. Por ejemplo, se redujo el tamaño de los intestinos y aumentó el del cerebro, que incrementó su peso de 400 a 700 cc.

El proceso tuvo lugar debido a que el órgano de la cabeza pudo recibir la sangre que antes usaban los intestinos para metabolizar alimentos mucho más fibrosos y de difícil digestión que la carne. Por otra parte, la inteligencia operativa que permitió el uso de objetos técnicos para la alimentación, aumentó la complejidad neuronal y biomecánica de la especie que, al mismo tiempo, se socializaba y ya no sólo para subsistir.

Los otros cambios que sufrió la raza humana hasta que apareció el hombre moderno entre 150.000 y 200.000 años atrás en el África fueron que la laringe se situó en la parte baja de la garganta para favorecer el habla; cambió la columna vertebral y se hizo más recta; el dedo gordo de los pies se alineó –antes estaba en posición lateral–; la distancia entre la pelvis y los fémures se estrechó para mantener el equilibrio; el cráneo se hizo mucho más plano y alargado; la nariz se agrandó para calentar el aire y proteger los pulmones y el cerebro del frío; se fortalecieron los músculos y los huesos; y cambió la altura.

Luego, aparentemente, el proceso de hominización se detuvo y apareció la humanización, de la mano de la técnica y su socialización que, además, sigue avanzando porque está lejos de alcanzar su punto máximo.

En muchos lugares del planeta, aún no se ha masificado la tecnología y es indispensable que esto suceda para que exista un equilibrio y una humanización consistente.

CÓMO DEBERÍA SER EL CUERPO HUMANO EN EL FUTURO

Los genetistas más aventurados sostienen que la especie humana será reemplazada por otra, creada por ella misma, y que será producto de los avances científicos, como la clonación, los viajes espaciales, la nanotecnología, Internet y la carrera contra la contaminación, las infecciones y el control de la natalidad, por ejemplo.

Quienes sostienen que la raza humana avanza en este sentido, se animan también a decir que se perfeccionará no sólo el medio cultural y ambiental donde vivirá el hombre del futuro sino también su propio organismo a través de la genética y la biotecnología. En este sentido, se intentará crear el cuerpo ideal para vivir más tiempo. Según un informe publicado en la revista Scientific American, las personas deberían ser más bajas, con orejas más grandes, y algo encorvadas hacia delante.

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