PROMO66 LICEO GUATEMALA

jueves, octubre 11, 2007

PASQUIN UBICO OTRO GRAL CON MANO DURA

Chabelo:

El artículo sobre Ubico me parece, por lo que he leído y platicado con personas que vivieron esa época, totalmente apegado a la verdad histórica. La primera campaña presidencial de Ubico se basó en el tema de la mano dura o del hombre fuerte, abonado por la fama que adquirió Ubico como jefe político en Reu. En esa campaña contó incluso con el apoyo de los jóvenes profesionales que habían luchado en 1920 contra Estrada Cabrera. Arévalo reconoce en sus memorias que él también ubiquista por esas fechas. Los únicos destacados dirigentes de esos años que se opusieron a Ubico, fueron Clemente Marroquín Rojas, desde su periódico La Hora, y Jorge García Granados (padre)

Cuando Ubico anunció su intención de reformar la Constitución para reelegirse, algunos dirigentes del partido Liberal se opusieron y entonces Ubico se inventó un complot y los mandó a fusilar.

Uno de los mitos sobre Ubico es que fue un gobernante honrado. El regalo de Q 200,000 que se hizo recetar por la asamblea legislativa lo desmiente (en esos años un maestro ganaba alrededor de Q 30 mensuales. Para equilibrar el presupuesto y paliar los efectos de la crisis de 1929, una de sus medidas fue reducir los salarios de los empleados públicos en casi una tercera parte). Además, según me contó alguna vez un amigo, Guillermo Echeverría Lizarralde) cuando uno de los bancos recogía una finca por falta de pago y la sacaba a subasta, si a Ubico le interesaba lo hacía saber a través de sus allegados y ninguna se presentaba a la subasta y él se quedaba con la finca a precio de quemazón. De esa forma aumentó su fortuna, pues como dice el artículo venía de una familia de plata. Su papá, Arturo Ubico fue de los grandes aprovechados del gobierno de Barrios, aparte de que era miembro del clan Urruela, una las familias más destacadas de la oligarquía desde el siglo XVIII.

Lo del besa manos es cierto. Me contó otro amigo, que toda la gente importante de Guatemala desfilaba por la casa presidencial (antes de que construyeran la actual de la 6ª. Avenida) por su casa de la 14 calle y que tenía un guante para que no le ensalivaran la mano (mano de palo dice Chabelo) pero en todo caso evitaba el contacto directo con las babas de los serviles. El que no acudía al besamanos era considerado enemigo del Señor Presidente y pasaba penas. Mi amigo, don Guillermo Echeverría, me contaba que él se negó a acudir al besamanos y después se lo llevó la tiznada, porque a pesar de estar emparentado con gente de plata, nadie le daba chance, hasta que llegó a rector de la U un tío, de apellido Lizarralde y le dio empleo en las oficinas administrativas de la U.

En fin que esa fue la primera experiencia de mano dura, que dio como resultado una dictadura de casi 14 años. La segunda fue con Idígoras, quien en 1950 se presentaba también con el lema de la mano fuerte, respaldado por su trayectoria de haber sido uno de los más eficientes jefes políticos de la época de Ubico. En 1958, cuando fue candidato por segunda vez, su lema fue “mano de acero inoxidable” y la gente esa vez lo llevó a la presidencia. También Arana tuvo un lema del mismo estilo “orden y seguridad”, respaldado por sus ejecutorias en la represión de la guerrilla en el oriente. Su legado fueron los gobiernos fraudulentos de Kjell y Lucas y la entronización de la más sangrienta dictadura que hemos vivido. Saludos, LF


Cuando uno lee esto me recuerdo en primer lugar de mi abuela ( pariente de Alfredo) de la que principio a tener recuerdos desde mas o menos en el año 56/57 cuando regresamos por primera vez de Mexico , la abuela fanatica Ubiquista que decia que para cambiar Guate (ya desde aquellos tiempos) se necesitaba un gobierno con mano dura como el de Ubico

Y por otro lado mi Padre que si el Ice Maker me funciona en ese tiempo a de haber estado finalizando sus estudios para volverse un Pundonoroso Chafa y que me conto alguna vez que este Gral Mano dura obligaba a todo mundo a pasar a darle la mano en el dia de su cumpleaños..Pero lo que no se me olvida es que el tal dictador se habia mandado a hacer una mano artifical (no se de que seria en ese tiempo , de madera o algo asi) entonces como todo el mundo le debia dar la mano por su cumple pues “tamaño susto” el que se daban al ver que la mano era artifical .


JorgePalmieri.com

Jorge Ubico: prototipo de mano dura
En vista del fracaso del cuartelazo del general Manuel Orellana Contreras, del cual se dijo que fue autor intelectual su hijo, Manuel Orellana Cardona, el 31 de diciembre de 1930 el Congreso Nacional nombró presidente provisorio al primer designado a la Presidencia de la República, licenciado José María Reina Andrade, apodado cariñosamente “Reinita” por su avanzada edad, su baja estatura, su cuerpo menudo y sus manos temblorosas; usaba barba de perita despoblada todo lo cual inspiraba ternura a quienes le veían con cumbo y levita traslapada y un bastón con pomo de plata. El 2 de enero de 1931 fue convocado al recinto del Congreso para ser juramentado y el 4 convocó a las elecciones que, por imposición del general Jorge Ubico Castañeda, candidato del Partido Liberal, se llevaron a cabo los días 6, 7 y 8 de febrero. El abogado y notario José María Reina Andrade fue el primer guatemalteco que desempeñó los tres poderes del Estado en diferentes épocas, porque antes había sido presidente del Organismo Judicial y Corte Suprema de Justicia y del Poder Legislativo, y llegó a ser nombrado Presidente provisorio del Poder Ejecutivo por haber sido el primer designado a la presidencia de la República gracias al apoyo del Partido Liberal Progresista. Pero, lamentablemente, en el desempeño de ese cargo fue un pelele porque obedecía las órdenes del general Jorge Ubico, quien desde hacía mucho tiempo venía ambicionando ser Presidente de la República y había perdido su primer intento en marzo de 1922 cuando ganó la elección el general José María Orellana y en diciembre de 1926 cuando ganó el general Lázaro Chacón.


Jorge Ubico era realmente un civil adinerado y mimado, con vocación militar, muy elegante y distinguido, que desistió de estudiar en la Escuela Politécnica y no obtuvo el diploma de bachiller en el Instituto Central para Varones, y en nada de lo que trató de trabajar había tenido éxito, pero por influencias y conexiones de su papá, llegó a ostentar el grado de general de división. En esta foto fuma un cigarrillo con su inseparable boquilla, y, como siempre, está rodeado de militares. Atrás de él está el general Daniel Corado, su ministro de la Guerra.
Ubico era sumamente desconfiado y para asegurarse de que Reina Andrade no iba a traicionarlo cuando ya estuviese en la Presidencia, hizo nombrar segundo designado a uno de sus incondicionales, el general José Reyes, un viejo militar de escasos conocimientos y sin ninguna cultura, a quien también hizo nombrar ministro de la Guerra para que pudiese derrocar a “Reinita” si acaso no obedecía sus órdenes. Asimismo, le impuso como secretario al licenciado Adán Manrique Ríos, quien también era su incondicional, y por su medio ejercía el mando desde su residencia ubicada en la 14 calle entre 3ª y 4ª avenidas de la zona central. Al mismo tiempo, hizo nombrar Director de la Policía a otro ubiquista, el general Roderico Anzueto, hizo que cambiaran a los comandantes de los cuarteles que había en la capital: Fuerte de Matamoros, Castillo de San José y Guardia de Honor. Quería estar totalmente seguro que esta vez sí iba a ser electo Presidente de la República después de haber fracasado las dos veces que lo había intentado antes, la primera en marzo de 1922, cuando compitió con el general José María Orellana y la segunda en diciembre de 1926 cuando perdió con el general Lázaro Chacón. Y como no quería correr riesgos y era muy impaciente, hizo que Reina Andrade adelantara la fecha de las elecciones para el 9 de febrero de 1931 y adelantó también el día de su toma de posesión para el 14 de febrero en vez del 15 de marzo para su primer período constitucional que debió terminar el 15 de marzo de 1937, pero burlándose de que la Constitución vigente prohibía la reelección, se hizo reelegir para un segundo período que debió terminar el 15 de marzo de 1943 y aún para un tercer período que habría terminado en 1947, de no haber sido porque en junio de 1944 el pueblo comenzó a manifestar su descontento y rechazo a su ya insoportable dictadura y su gobierno restringió las garantías constitucionales, por lo que 311 ciudadanos patriotas firmaron un memorial pidiéndole que las restableciera y como no lo hizo hubo manifestaciones de protesta, y el 25 de junio el gobernante ordenó a la Caballería disolver por la fuerza una manifestación de maestras y maestros y la profesora María Chinchilla recibió un balazo que la mató, lo cual la convirtió en mártir y enardeció al pueblo.
Entonces se produjo una huelga de brazos caídos y el comercio cerró sus puertas mientras manifestaban por la sexta avenida numerosas mujeres vestidas de negro. Durante la mañana del 1 de julio, se presentaron al despacho presidencial, en el Palacio Nacional, tres viejos generales sin ninguna significación: Federico Ponce Vaides, Buenaventura Pineda y Eduardo Villagrán Ariza. Al verles llegar el dictador creyó que el motivo de su visita era pedirle su renuncia, la cual ya había escrito y firmado, y les gritó enfurecido a sus visitantes: “¡Ya sé a qué vienen! ¡Pues aquí tienen esta mierda!” y les lanzó a los pies la renuncia que había preparado la noche anterior. Los tres generales quedaron estupefactos porque en realidad esa no era la razón de su visita, sino llegaban a expresarle su solidaridad al dictador. Uno de ellos estuvo a punto de hacer la aclaración, pero uno de los hermanos Melgar, que era su secretario privado y un político maquiavélico, les hizo señas que no explicaran nada sino recibieran la renuncia porque comprendía que la situación ya era insostenible y creía que él podría dominar con su inteligencia a los tres generalotes ignorantes y burdos. Una persona que presenció esa escena contó que vio rodar lágrimas de los ojos de Ubico al retirarse del despacho. Pocos días más tarde abordó un avión comercial con rumbo a Nueva Orleáns, pero antes de que el avión levantara vuelo le dijo al único de sus ayudantes de su Estado Mayor que llegó a despedirle, el capitán Eduardo Weymann Guzmán: “Deciles a esos cabrones que se cuiden de los comunistas y de los cachurecos”.
En Nueva Orleáns vivió exiliado únicamente dos años, porque el 14 de febrero de 1946 murió solo, triste y abandonado. Sus restos fueron enterrados en esa ciudad hasta que fueron repatriados el 14 de agosto de 1963 y sepultados en el Cementerio General de esta ciudad.



Así se veía a sí mismo el "general" Ubico, como si en verdad fuese un general de división, pero en realidad no lo era. Le fascinaba usar vistosos uniformes llenos de entorchados y se prendía en el pecho medallas que no había ganado y llevaba siempre en su mano el chafarote o espadón militar. Pero era un coqueto que se maquillaba la cara para que le vieran más joven. Creía que se parecía a Napoleón Bonaparte y le gustaba mucho que lo retrataran de perfil.
Jorge Ubico Castañeda nació en la ciudad de Guatemala el 10 de noviembre de 1878 y fue hijo del abogado Arturo Ubico Urruela, descendiente de aragoneses, y de doña Matilde Castañeda, mujer bella e inteligente de familia criolla. Sus padrinos de bautizo fueron el general Justo Rufino Barrios y su esposa, doña Francisca Aparicio Mérida. Era miembro de una familia de “alta sociedad”, muy adinerada e influyente. Hizo sus primeros estudios en un colegio de kindergarten, en 1885 ingresó al Liceo Pedagógico del educador Sóstenes Esponda y después al Instituto Central para Varones.
Desde niño quiso ser militar y cuando tenía sólo 16 años ingresó como cadete a la Escuela Politécnica con el número 692, pero permaneció menos de un año y medio debido a que no soportó los acostumbrados “bautizos”, porque durante uno de ellos un cadete le golpeó los testículos con una toalla mojada y el dolor fue tan grande que le hizo huir de la Escuela Politécnica saltando la pared y acudió a un médico que descubrió que el golpe le había destrozado un testículo, por lo que se negó a regresar, por lo cual fue dado de baja el 7 de julio de 1895.
Después de fugarse de la Escuela Politécnica volvió al Instituto Central para Varones, pero no logró terminar sus estudios de bachillerato y se dedicó a practicar el boxeo, la esgrima, la natación y el ciclismo. En las fiestas de agosto de 1896 ganó una carrera de ciclismo.
El 4 de marzo de 1905 contrajo matrimonio con la bella y distinguida señorita de "alta sociedad" Marta Lainfiesta Dorión, pero nunca tuvo hijos como consecuencia de haber perdido un testículo.
En noviembre de 1896 logró obtener un empleo en el Banco de Guatemala, que abandonó para dedicarse a la agricultura, empresa en la cual tampoco tuvo éxito. En vista de sus constantes fracasos, gracias a la influencia de su padre y al hecho de ser ahijado de “El Reformador”, el 19 de abril de 1907 fue nombrado Jefe Político de Alta Verapaz, y en 1911 fue trasladado con el mismo cargo a Retalhuleu, donde puso de relieve su implacable mano dura para combatir a los malhechores y abigeos (ladrones de ganado), algunos de ellos mexicanos. Llegó a tener un odio enfermizo por los mexicanos, al extremo que cuando era Jefe Político de Retalhuleu envió un telegrama al presidente Orellana que decía: “Informo que hoy fusilamos a dos abigeos. Con el agravante de ser mexicanos”. Pero por su insaciable ambición de poder seguía soñando con ser militar porque se había dado cuenta de que el pueblo les tenía más respeto y temor a los militares que a los civiles. Además, siempre quiso llegar a ser Presidente de la República y no descansó hasta lograrlo.
El 18 de marzo de 1819 fue designado a integrar la Comisión de Guerra en la Asamblea Nacional Legislativa y el 11 de diciembre de 1921 asumió el cargo de ministro de la Guerra a pesar de no ser militar de carrera, aunque llegó a tener el grado de general de división porque era militar “de dedo” que ascendió por la influencia y conexiones de su padre. El 24 de septiembre de 1897 le dieron los despachos de subteniente de infantería; el 10 de agosto de 1900 los de capitán; el 8 de marzo de 1901 los de comandante; en 1906 el grado de coronel de estado mayor, sin haber hecho los estudios de estado mayor; después le dieron el grado de general de brigada, hasta que, finalmente, el 27 de mayo de 1922 la Asamblea Nacional lo ascendió a general de división.
Su gobierno fue despótico y tiránico como pocos. En eso competía con los otros dictadores centroamericanos: el general Maximiliano Martínez de El Salvador, el general Tiburcio Carías Andino, de Honduras, y el general Anastasio Somoza García, de Nicaragua. Todos ellos eran presidentes con mano dura, unos desalmados dictadores. Ubico era un fascista sin saberlo porque ignoraba lo que era el fascismo. Simpatizaba con Benito Mussolinni y Hitler y desconfiaba del gobierno de los Estados Unidos de América y del presidente Roosevelt, a quien llamaba despectivamente “El cojo” porque padecía de polio. Tenía una red de espionaje en toda la República que le mantenía informado hasta de las mayores intimidades de todas las personas. Los “orejas” eran voluntarios serviles que le llevaban información sobre todo lo que creían que podía interesarle y las delaciones le mantenían al tanto de la vida y milagros de todos.
No había separación de poderes porque él ejercía los tres al mismo tiempo, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Nadie podía expresarse con libertad si en alguna forma contradecía las disposiciones del dictador, porque sufría las consecuencias que muchas veces no se limitaban a una apaleada y encarcelada con torturas, o el exilio, sino podía costar la vida al atrevido. Las personas que no le agradaban eran asesinadas por medio de la aplicación de la criminal “ley fuga”. Abofeteaba en público a quienes le daba la gana, como le sucedió un día al destacado abogado H. Abraham Cabrera Cruz. Los indígenas estaban obligados a trabajar en las carreteras sin paga alguna, no obstante lo cual quemaban incienso al tirano cuando pasaba velozmente tripulando su motocicleta por las empolvadas carreteras de terracería, y cuando visitaba los pueblos. Los indios le reverenciaban y le llamaban “tata presidente”.
Los periodistas que no se limitaban a expresar solamente alabanzas al dictador y, por el contrario, se atrevían a criticarle, tenían que huir pronto del país e irse al exilio si no querían que su cadáver apareciese en cualquier camino después de haber sido torturado. Ubico tenía fobia por los intelectuales, a quienes hacía vigilar y perseguía. Desconfiaba de cualquiera que visitara México porque decía que ese país era un nido de comunistas peligrosos.
Las mujeres que le atraían estaban expuestas a que las mandase a llamar con policías secretos y les hiciese proposiciones sexuales que muchas tenían que aceptar para no enojarle. Se mantenía estudiando panfletos sobre pociones para reforzar su sexualidad y las preparaba en su laboratorio pero antes de beberlas se las hacía probar a sus empleados. Para corroborarlo les recomiendo leer el libro "El dictador y yo" de mi recordado amigo Carlos Samayoa Chinchilla, quien entonces trabajaba en la Secretaría de la Presidencia a cargo del licenciado Ernesto Rivas ("Rivitas"), el hombre de más confianza de Ubico. Ambos tuvieron que ser alguna vez sus conej¡llos de indias.
Hubo un caso sonado de un abogado que estaba recién casado y cuya esposa era muy atractiva y le gustó al dictador y lo mandó a llamar para decirle que quería que realizara un trabajo secreto en el extranjero, pero tenía que viajar solo, y le proporcionó el pasaje para Los Angeles, California, y le dijo que después le enviaría las instrucciones para su misión, pero lo que realmente quería era alejarle para que dejase sola y desamparada a su mujer y él tuviese oportunidad de acosarla. El abogado se cansó de esperar las instrucciones que nunca llegaron y cuando trató de regresar al país, el cónsul de Guatemala no le dio visa. Porque no hay que olvidar que en aquellos tiempos los guatemaltecos necesitábamos visa para entrar a nuestro propio país, porque así controlaban que no vinieran los indeseables o sus potenciales enemigos.
Todos los años había una celebración nacional por el cumpleaños del dictador, el 10 de noviembre, y afuera de la Casa Presidencial se formaban largas colas para entrar a felicitarle y darle la mano. Para uno de sus cumpleaños se hizo regalar por la Asamblea Nacional un collar de oro, platino, esmaltes y piedras preciosas valorado en Q50 mil de aquellos días, cuando los quetzales eran dólares y los dólares valían más que ahora; y otros años la Asamblea Legislativa destinó Q200 mil como "humilde regalo por sus muchos sacrificios en beneficio de la Patria". Además de esos regalitos, su sueldo mensual era de Q.11,790, que ahora sería equivalentes a mucho más. Pero todo era poco para satisfacer la inmensa vanidad y las ansias de poder del dictador que prácticamente era dueño de Guatemala porque se tenía que hacer todo lo que él quería. ¡Y pensar que todavía hay quiénes suspiran por ese tiempo y les gustan las dictaduras! Hay guatemaltecos que tienen vocación para soportar dictaduras militares con gobernantes con manos duras. ¡Qué tristeza!

De Ponce Vaides a Berger
Los generales Buenaventura Pineda, Eduardo Villagrán Ariza y Federico Ponce Vaides se presentaron en el Palacio Nacional el 1 de julio de 1944 para expresar su solidaridad al dictador Jorge Ubico y se llevaron la sorpresa de que éste se confundió y, era tanta su tensión nerviosa por los acontecimientos, que creyó que el motivo de la sorpresiva visita era pedirle su renuncia y se las tiró a los pies antes de abandonar su despacho con lágrimas en los ojos. Dos días después, Ponce Vaides se hizo cargo del Poder Ejecutivo como presidente provisorio con la aprobación de los serviles diputados ubiquistas de la Asamblea Nacional, durante una sesión ignominiosa en la cual los soldados invadieron el recinto parlamentario al mando del coronel Alfredo Castañeda. El único diputado que votó en contra y razonó su voto fue el señor Alejandro Córdova, un ex telegrafista que era propietario y director del diario vespertino El Imparcial, osadía que pagó con su vida pocos días más tarde, pero este crimen indignó a toda la República y sirvió de acicate para que se produjera la insurrección militar y cívica que principió la noche del 19 de octubre del mismo año y terminó el 20 al ser derrocado el “chafarote” dipsómano que trató de ser dictador.
Ponce Vaides era un típico “chafarote” y desde el primer día de los 108 que desafortunadamente se mantuvo en el poder, gobernó con mano dura y fue evidente su absoluto desprecio por la Constitución y las leyes. Era un hombre ignorante y sin cultura alguna, pero creyó que él podría ser la continuación de la dictadura ubiquista y a los pocos días ordenó una concentración de miles de indígenas de Patzicía en la capital para que desfilaran por las calles con garrotes y retratos de él prendidos en los sacos, gritando “¡Viva Ponce!” creyendo que así iba a amedrentar a los capitalinos. Esto fue precisamente lo que imitaron, muchos años después, los seguidores del general Efraín Ríos Montt cuando hicieron las marchas del jueves negro y el viernes de luto para intimidar a los magistrados de la Corte de Constitucionalidad para que le inscribieran como candidato presidencial a pesar de la expresa prohibición constitucional. ¡Y lo lograron porque los magistrados le ampararon y el Tribunal Electoral le inscribió!
Ponce Vaides era un irresponsable y cometió el crimen de que cuando trajo de Patzicía a esos miles de indígenas les prometió que si era elegido presidente les iba a repartir las tierras de los ladinos de ese pueblo, por lo que tenían que apoyarlo, y les aconsejó que, si lo derrocaban, empuñaran los machetes y pasaran por las armas a los ladinos. Y esto fue lo que causó el levantamiento de la población indígena en Patzicía cuando se supo el derrocamiento de Ponce el 20 de octubre de 1944. Muchos ladinos perdieron la vida entonces.
Al triunfo de la insurrección, asumió el poder un triunvirato denominado Junta Revolucionaria de Gobierno, integrado el civil Jorge Toriello Garrido y los militares mayor Francisco Javier Arana (sin cuya participación no habría tenido éxito el levantamiento en la Guardia de Honor), y el capitán Jacobo Árbenz Guzmán. Lo cual fue el principio de los diez años de “primavera democrática”, como ha sido llamado románticamente ese período en el que gobernaron el doctor Juan José Arévalo Bermejo, de grata recordación, y el coronel Jacobo Árbenz Guzmán, quien, como es sabido, fue derrocado por la intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA en inglés) de los Estados Unidos de América que presidía el general Eisenhower, y la United Fruit Company, que orquestaron una invasión de un buen número de campesinos mercenarios nicaraguenses que proporcionó el dictador de ese país, general Anastasio Somoza García (“Tacho”) y un grupo de guatemaltecos anticomunistas que encabezó el coronel Carlos Castillo Armas, quien poco tiempo antes se había fugado de la Penitenciaría Central, donde estaba por haber tomado parte en un intento de apoderarse de la base militar La Aurora. Pero lo que realmente fue decisivo para obligar al presidente Árbenz a renunciar fue que sus compañeros de armas se negaron a darle apoyo porque temían y repudiaban el peligro de una infiltración comunista en el país.
Al renunciar Árbenz, el 27 de junio de 1954, le heredó arbitrariamente el poder a su amigo el coronel Carlos Enrique Díaz, Jefe de las Fuerzas Armadas, creyendo que a él sí le apoyaría el Ejército Nacional, pero se equivocó, porque no lo permitió el embajador de los Estados Unidos, John Peurifoy, y Díaz hizo honor a su apellido porque solamente un día estuvo al mando, porque el 28 de junio lo entregó a una junta que integraron el mismo coronel Díaz, el coronel José Ángel Sánchez, ministro de la Defensa y el coronel Elfego H. Monzón, allegado a la embajada estadounidense.
Esa junta sólo duró hasta el 29 de junio porque el 30 integraron otra junta los coroneles Elfego H. Monzón, José Luis Cruz Salazar y Mauricio Dubois. Esta junta tuvo un poco de más suerte porque se sostuvo hasta el 3 de julio, cuando los coroneles Elfego H. Monzón, Carlos Castillo Armas, José Luis Cruz Salazar, Mauricio Dubois y Enrique Trinidad Oliva integraron otra junta que se sostuvo 4 días. El 7 de julio se integró una nueva junta con los coroneles Carlos Castillo Armas, Elfego H. Monzón y Enrique Trinidad Oliva y se sostuvo hasta el 1 de septiembre, cuando asumió el poder el coronel Carlos Castillo Armas y gobernó de facto hasta el 4 de noviembre, cuando se celebró un plebiscito le dijo “si” para gobernar un período de 6 años. Es decir que el coronel Castillo Armas habría sido Presidente de la República hasta el 15 de marzo de 1960 si el 26 de julio de 1957 no hubiese sido asesinado en la Casa Presidencial.
A la muerte de Castillo Armas asumió el poder el primer designado a la presidencia, licenciado Luis Arturo González López (a quien le decían “Toto”), quien solamente pudo gobernar hasta el 24 de octubre de 1957 y le entregó el mando a un triunvirato compuesto por los coroneles Óscar Mendoza Azurdia, Roberto Lorenzana y Gonzalo Yurrita Nova. Estos mantuvieron el poder durante dos días solamente y llamaron al segundo designado a la presidencia, coronel Guillermo Flores Avendaño, quien gobernó hasta el 2 de marzo de 1958, y le entregó la Presidencia al general e ingeniero Miguel Ramón Ydígoras Fuentes, porque el 12 de febrero de 1958 había ganado las elecciones con la promesa de gobernar con “mano de acero inoxidable”. Pero no aplicó esa mano, ni tampoco una mano dura, porque era un militar ilustrado que había pasado varios años en Europa, tenía un extraordinario sentido del humor y trató de hacer un gobierno democrático y al final dar elecciones libres, en las que iba a participar el ex presidente Juan José Arévalo y esto no fue del agrado de los militares más reaccionarios, los de mano dura, quienes organizaron un cuartelazo y prácticamente obligaron a encabezarlo al ministro de la Defensa, coronel Enrique Peralta Azurdia, quien gobernó de facto y con mano relativamente dura hasta el 30 de junio de 1966, día que entregó el poder al licenciado Julio César Méndez Montenegro, quien había sido postulado candidato por el Partido Revolucionario, acompañado del licenciado y periodista Clemente Marroquìn Rojas, y ganaron la elección del 10 de mayo de 1966.
Costó un poco que los militares de mano dura y cabeza ídem accedieran a entregar el poder a estos dos civiles, porque se negaron a hacerlo hasta que les hicieron firmar un convenio vergonzoso cuyos puntos segundo y tercero decían: “Segundo: El Gobierno que se instaure en la última fecha indicada, cumplirá y hará cumplir estrictamente la letra y el espíritu de los artículos 27, 49 (párrafo segundo) y 64 de la Constitución de la República promulgada el 15 de septiembre de 1965. Así mismo, cumplirá y hará cumplir las demás leyes vigentes que proscriben tanto las actividades comunistas, individuales o colectivas, como las actividades que tiendan a fomentar esa ideología en el país. Tercero: El futuro Gobierno Constitucional continuará la lucha contra los grupos y facciones subversivos que perturban la paz y la seguridad nacionales y en ningún caso, ni bajo pretexto alguno, entrará en entendimientos o pactos con tales grupos y facciones, salvo que se tratare de proposiciones de rendición o capitulación de los mismos. En caso contrario, el Gobierno dará al Ejército toda la colaboración necesaria para eliminarlos”. ¿Qué tal? ¿Cómo lo ven desdiay?
El presidente Méndez Montenegro y el vicepresidente Marroquín Rojas sortearon muchos problemas con los reaccionaron de mano dura, como el episodio del secuestro del Arzobispo metropolitano monseñor Mario Casariego que llevó a cabo una tenebrosa organización anticomunista denominada “La Mano”, que lideraba Raúl Lorenzana. El 21 de marzo de 1970 ganaron las elecciones el entonces coronel Carlos Manuel Arana Osorio (poco tiempo después fue ascendido a general) y el licenciado Eduardo Cáceres Lehnhoff, postulados por el partido derechista y anticomunista Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Sin lugar a dudas, este fue un gobierno con mano dura, sumamente dura, porque pasamos casi todo el período sin garantías constitucionales o con las garantías restringidas.
El general Arana inventó la fórmula para que después de él se sustituyesen en la Presidencia de la República los militares que estuviesen desempeñando el cargo de ministro de la Defensa y, para comenzar, el 1 de julio de 1974 le entregó la Presidencia a su ministro de la Defensa su gran amigo y probablemente su "centenario" el general Kjell Eugenio Laugerud García (a quien llamaba cariñosamente “shelito”), y el licenciado Cáceres Lehnhof entregó la vicepresidencia al licenciado Mario Sandoval Alarcón, máximo líder anticomunista del país. Un civil con mano sumamente dura por cierto.
Les sustiuyeron el general Fernando Romeo Lucas García y el doctor Francisco Villagrán Kramer, quien fue Vicepresidente hasta el 1 de septiembre de 1980, cuando renunció y fue sustituído por el coronel Óscar Mendoza Azurdia. A pesar de que habían ganado las elecciones que se celebraron el 13 de marzo de 1982 el ex ministro de la Defensa, general de división Aníbal Guevara Rodríguez y el ex Alcalde metropolitano licenciado Ramiro Ponce Monroy, unos jóvenes militares traviesos derrocaron al general Lucas para impedir que el general Guevara asumiera la Presidencia y el 23 de marzo se adueñaron del poder el coronel Víctor Manuel Argueta Villalta, el teniente coronel Mario René Enríquez Morales, el mayor Ángel Arturo Sánchez Gudiel y el capitán Carlos Rodolfo Muñoz Piloña. Pero ese mismo día se agregó el general Efraín Ríos Montt y unas horas más tarde conformaron con él un triunvirato el general Egberto Maldonado Schaad y el coronel Francisco Luis Gordillo. Hasta que el 10 de junio el general Ríos Montt se sacudió a los otros dos miembros del triunvirato y se autoproclamó “presidente” y gobernó con mano dura, durísima, hasta que, afortunadamente, el 8 de agosto de 1983 fue destituído por la Institución Armada y le sustituyó el ministro de la Defensa, general Óscar Humberto Mejía Víctores con el título de Jefe de Estado de facto.
Afortunadamente, la institución armada se percató de que era demasiado largo el tiempo que se habían mantenido en el poder y ya era hora de que se lo dejaran a los civiles, y el general Mejía cumplió con dar elecciones libres que ganaron los candidatos postulados por el Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, licenciados Marco Vinicio Cerezo Arévalo y Roberto Carpio Nicolle, respectivamente. Después vino el ingeniero Jorge Serrano Elías, quien parece que se enloqueció con el poder y trató de ser dictador al cancelar por sus pistolas los poderes Legislativo y Judicial, pero le salió el tiro por la culata y pocos días después tuvo que irse al exilio a Panamá. Por designación del Congreso, le sustituyó el licenciado Ramiro Deleón Carpio (“huevos tibios”), quien traicionó a los diputados que le habían nombrado Presidente y “depuró” a los poderes Legislativo y Judicial. O sea que terminó haciendo exactamente lo mismo que había hecho su antecesor y le costó la Presidencia. A Deleón Carpio le sucedió Álvaro Arzú Irigoyen, quien después de gobernar decorosamente su período le pasó el poder al homicida y ex fugitivo de la justicia mexicana Alfonso Portillo Cabrera, quien gobernó con demagogia populista y mucha corrupción, y le pasó el mando al actual Presidente, licenciado Óscar Berger Perdomo, cuya gestión ha sido tan mediocre, tan mediocre, que ha provocado como reacción que por la desesperación que hay por la inseguridad imperante y el encarecimiento de la vida, muchos están pensando en elegir presidente a un general que dice que va a gobernar con mano dura...

1 Comments:

  • Desde Chile.
    Solo saludarlos a los de la Promo 66, yo habría salido en la del '70 pero me vine a Chile.
    La de Uds., que eran "los grandes" para nosotros, no podría olvidarla porque es IMPOSIBLE olvidarse del Mustang rojo 66 y del GTO azul del mismo año, eran lo máximo en Guatemala y podía hacer una gran papel en muchas otras ciudades del mundo. Solo comparables al Olds' Toronado que rifaron los hermanos en la Kermesse 1965(?).
    Los saluda, aunque tan solo conozco de Ud. a Julio Prado, marido de Patricia Luna Richardson y tal vez sea '66 el mayor de los Fernández Molina o de los Fanjul Bianchi, Roberto, estos últimos hermanos de amigos míos a la vez que compañeros de curso,
    Atte.,
    Roberto Finat Díaz
    Criador de perros y Pueta Popular.

    By Blogger Roberto Finat - Criadero Du Monêtier Bains, at 7:12 p.m.  

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