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martes, marzo 05, 2013

La última jornada de Benedicto XVI

Mucho se habla y se hablará en estos días sobre el papado y la Iglesia Católica.  En general , y no solo desde fuera, sino que también desde adentro, muchos aprovechan para tirarle piedras.   En lo personal siempre he pensado que la Iglesia es divina – creación de Cristo –  pero también es humana – manejada por hombres – con todo lo que eso implica.  En  sus dos mil años de vida ha tenido de todos.  Grandes papas, pero también canallas como Alejandro VI.   Existió la inquisición y ahora en nuestros días las prácticas de pedofilia de muchos sacerdotes, pero también nos ha dado maravillosos ejemplos de amor cristiano, como San Francisco de Asís, los mercedarios y la  redención de los cautivos, los dominicos de Fray Bartolomé de las Casas, el Santo Hermano Pedro, la Madre Teresa, Don Bosco y sus Salesianos, Champagnat y sus maristas, los benedictinos y el  rescate de la cultura europea, el arte del  Renacimiento.   También a lo largo de 2,000 años ha sufrido grandes cismas, desde herejías como el arrianismo, los iconoclastas, la separación de las iglesias orientales, la Reforma, persecuciones de todo tipo,  pero allí sigue y seguirá, por los siglos de los siglos. 

Comparto con ustedes una columna que publiqué hoy (3 de marzo 2013) en Siglo21, iniciando unos comentarios sobre Benedicto XVI, que espero terminar el lunes próximo.

Luis Felipe Linares López 

 La última jornada de Benedicto XVI

Indudablemente el acontecimiento más relevante del mes recién pasado fue la renuncia de Benedicto XVI a la Cátedra de San Pedro. No es sorpresa alguna que dicho suceso, inédito desde hace más 600 años en la vida de la institución vigente más antigua de la humanidad sea motivo de especulación, ataques y comentarios adversos, incluso por personas que se dicen católicas, ya no digamos por quienes abiertamente adversan su existencia y lamentan la influencia que ejerce en numerosos ámbitos del escenario mundial. Pero, justamente, la cobertura de la renuncia, es una muestra más de la relevancia de la Iglesia Católica. Uno de los señalamientos que se hace a Benedicto es que se trata de un Papa conservador. Pero, ¿qué otra cosa podemos esperar en materia de fe? Como nos dijera muchas veces nuestro querido párroco de Santa María de Lomas del Norte, padre Thomas Fox (QEPD), la Iglesia no es un supermercado de ofertas donde estas se cambian a conveniencia del cliente o al vaivén de las modas. Las verdades en las que se fundamenta la religión católica – y en general cualquier religión – son inmutables en el tiempo y en el espacio. En el caso del catolicismo, las verdades en las cuales creemos, y que proclamamos cada vez que asistimos a misa, fueron plasmadas en el Credo niceno constantinopolitano en el siglo IV de nuestra era. Recogen la tradición apostólica explicitada por los santos padres, tanto de la Iglesia de Occidente como de Oriente, como San Agustín, San Ambrosio y muchos más. Ciertamente hay aspectos como el sacerdocio femenino, el celibato sacerdotal, el control de la natalidad, que son objeto de intenso debate dentro y fuera de la Iglesia, y que seguramente lo serán durante muchos años, en las cuales quizás se podrán dar cambios en el futuro pero, en una institución milenaria, esto lleva tiempo. Otro señalamiento, igualmente injusto y producto de la lectura equivocada de los textos conciliares, es que Benedicto XVI, al igual que el Beato Juan Pablo II, impusieron a la Iglesia un retroceso con relación a los avances logrados en el Concilio Vaticano II. Pero si leemos, por ejemplo, la Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium” (Luz de los pueblos) del Vaticano II, el cuerpo eclesial es definido como “una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, que tiene la “misión de anunciar a Cristo, de establecerlo en medio de todas las gentes”. En otra parte, recordando las tres virtudes teologales que los católicos hemos aprendido desde la preparación a la Primera Comunión, la define como una “comunidad de fe, de esperanza y de caridad”. Lo anterior es reforzado por la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo – que comienza con aquellas bellas frases de que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” – y donde se indica que “la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso”. En otra parte de su texto, Gaudium et spes señala que la Iglesia “reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente”. Aquí se fundamenta la opción preferencial por los pobres. Pero, como señalara Juan Pablo II en su alocución al Celam, Puerto Príncipe (1983), dicha opción “no sería pastoral ni cristiana, si se inspirase en meros criterios políticos o ideológicos; si fuera exclusiva o excluyente, si engendrara sentimientos de odio o de lucha entre hermanos” (continuaremos).

8 Comments:

  • Pienso que todo eso que Luis describe a mi me refuerza mi fe pues el mismo Cristo definió que "ni la puertas del infierno prevalecerán contra ella" y estoy convencido que la elección no es de hombres, sí es por medio de hombres, saludos

    Cesar "Cuchi" Penados

    By Blogger Promo66, at 8:15 p.m.  

  • La Iglesia es santa en cuanto a que fue fundada por Cristo, pero pecadora en cuanto a que es manejada por hombres, debemos aceptarla como es y seguir lo que nos enseña.
    Como la familia,hay buenos y malos y no por eso reniegas de ella, te mantienes orgulloso de tu apellido.

    Juan José Pratdesaba

    By Blogger Promo66, at 8:15 p.m.  

  • La Iglesia, roca en medio del mar que hemos creado los hombres, resiste tempestades, aguanta vendavales; se solaza en tiempos de calma y vuelve al mismo ciclo histórico al que estamos condenados a sobrellevar desde el principio de la humanidad, per secula seculorum. Hasta el final de los tiempos. No creo que ninguna religión haya tenido que soportar las fuerzas externas de los inmensos “tsunamis” que han asolado esa roca portentosa que es la institución católica, creamos o no en ella.



    El tema más importante de este camino escabroso, según mi opinión, es el asunto de la modernización de una Iglesia que, en algunos campos, al ser manejada por los hombres, se estanca un poco. Se enlentece en su constante evolucionar, por lo que algunos piensan que no camina. O que camina demasiado lento. Y es allí donde el papa BXVI, supo apearse, con sus fabulosos conocimientos teológicos (Teólogo más importante, definitivamente, del siglo XX) para dar paso a una fuerza que, definitivamente, viene empujando. En todos los campos de fuerzo del cuerpo complejo de la Iglesia de Pedro.



    La pederastia, arma manejada con cuchillos afilados por los enemigos baratos, entiendo tiene que ir cediendo. Estadísticamente donde más se practica esa aberración es en la misma familia, luego en las escuelas, en instituciones deportivas y en instituciones sociales. En la iglesia la hay, no cabe duda, pero no con la asiduidad que quieren hacernos creer. Alguien, no recuerdo bien, habló de que un grano de arena volcánica destaca más en manto blanco… y eso es lo que sucede.

    En fin, un poco de filopsofía matutina, antes de empezar el diario proceso del trabajo, donde ya se asoma quizás, un retiro que, merecido o no, siempre cae bien.

    Saludos a todos desde la Isla del Encanto.

    Rodrigo Pratdesaba

    By Blogger Promo66, at 8:17 p.m.  

  • Gracias a Juan José, César y José Luis Gándara por sus comentarios a mi columna. Espero con ella hacer una modesta contribución al conocimiento de la realidad de nuestra Iglesia, pues nadie puede defender lo que desconoce. Yo creo que Benedicto XVI y Juan Pablo II y si vamos para atrás, incluso Pablo VI que fue en su momento considerado casi un revolucionario, en cuestiones de fe han mantenido coherencia con las enseñanzas del Evangelio y de los Santos Padres – es increíble todo lo que hay de sabiduría en el pensamiento de Padres como San Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo, etc. Por ejemplo, Pablo VI, tan comprometido en lo social, publicó la encíclica Humane Vitae, en donde mantiene y refuerza el pensamiento llamado conservador pero que en realidad es apegado a la ortodoxia, sobre el control de la natalidad.



    Tal vez los dos últimos Papas han estado más ligados a movimientos conservadores, como el Opus Dei y los Heraldos del Evangelio. Algunos de ellos son algo o muy elitistas. Pero el problema es que los movimientos “progresistas”, como los ligados a la Teología de la Liberación, rápidamente se van por la vía del activismo social y político, olvidándose o haciendo pasar a un segundo plano lo esencial, que es la vida sacramental. Además, hacen una lectura excesivamente política de las Sagradas Escrituras. Una muestra es un artículo que les adjunto, en donde incluso se pone en duda la autenticidad del fundamento bíblico del papado. Aquella frase del Evangelio de San Mateo que dice “tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia….”.



    En fin, que la Iglesia como institución antigua, regada por el mundo, polifacética, guiada por dogmas (no puede ser de otra forma), manejada por hombres, no puede dejar de tener problemas. Así que hay que tener presente que, como en todas las cosas de la vida, los problemas son inevitables pero no irresolubles. Saludos,

    Luis Felipe Linares López

    By Blogger Promo66, at 8:19 p.m.  

  • Mi estimado Luis: como siempre tus opiniones de todas las noticias de actualidad, muy acertadas. No me llego el articulo adjunto, lo podrias enviar nuevamente.
    Saludos

    Ricardo Colmenares

    By Blogger Promo66, at 8:20 p.m.  

  • Perdón a todos. Por atender una llamada lo envié antes. Ahora va. Por cierto que el autor firma como teólogo, pero se trata de un ex sacerdote jesuita, español. Saludos, LF

    By Blogger Promo66, at 8:25 p.m.  

  • 'El problema no es el "papa", el problema es el "papado"

    José M. Castillo

    Entre los numerosos comentarios, que lógicamente está suscitando la noticia de la dimisión del papa Benedicto XVI, echo de menos una reflexión que, a mi manera de ver, me parece la más importante, la más urgente, la que más puede (y debería) influir en el futuro de la Iglesia y su posible influencia en bien de este mundo tan atormentado en que vivimos.

    Me refiero a la reflexión que distingue entre los que es y representa la persona del “papa”, por una parte, y lo que es y representa la institución del “papado”, por otra.

    Por supuesto, nadie duda que es importante analizar, enjuiciar y saber valorar los aciertos y desaciertos que ha tenido el papa Ratzinger en sus años de pontificado. Por supuesto, también, que es seguramente más importante aún proponer y saber elegir al hombre más competente que, en este momento, tendría que ocupar el cargo de Sumo Pontífice. Todo eso, nadie lo duda, es de enorme interés en estos días.

    Pero, por muy importante que sea enjuiciar a las personas, tanto del pasado como del posible futuro inmediato, nadie va a poner en duda – me parece a mí – que es mucho más determinante detenerse a pensar lo que representa, y lo que tendría que representar, no ya este papa o el otro, sino lo que realmente es y hace la institución que, de hecho, es el papado, tal como está organizada, tal como funciona, y tal como es gestionada, sea quien sea el papa que la ha presidido o que la puede presidir.

    By Blogger Promo66, at 8:41 p.m.  

  • Porque, vamos a ver: ¿es lo mejor para la Iglesia que todo el poder para gobernar una institución, a la que pertenecen más de mil doscientos millones de seres humanos, esté concentrado en un solo hombre, sin más limitación que la que le imponen sus propias creencias a ese hombre, el que ocupa el papado? Tal como está dispuesto en el vigente Código de Derecho Canónico, así es como está pensado, legislado, y así funciona el papado (can. 331; 333; 1404; 1372). Porque, entre otras cosas, el papa quita y pone a los más altos y más bajos cargos de la Curía. Quita y pone a cardenales, obispos y cargos eclesiásticos de toda índole. Y hace todo esto sin tener que dar explicaciones a nadie y sin que nadie le pueda pedir responsabilidades. Además, esto se mantiene así, sea quien sea el papa reinante, la edad que tenga ese papa, la salud que goce o padezca, su mentalidad, sus preferencias y hasta sus posibles manías.

    Más aún, no echemos mano ingenuamente de la presencia del Espíritu Santo y su presunta inspiración constante en la toma de decisiones del papa reinante. No. Esa presunta intervención del Espíritu Santo no está demostrada en ninguna parte. Como tampoco está demostrado, ni hay argumentos para probarlo, que el obispo de Roma, por muy sucesor de Pedro que sea, tenga que acumular todo el poder que el papa y sus teólogos incondicionales aseguran que acumula por voluntad de Dios. ¿Dónde está eso dicho? ¿En qué argumentos se basa? El mejor conocedor de toda esta historia, que la Iglesia ha tenido en el último siglo, el cardenal Y Congar, dejó escrito en su diario personal que todo eso era una manipulación organizada por los intereses de Roma, cuyas raíces llegan hasta el siglo segundo de la historia del cristianismo.

    En todo caso, lo que es seguro es que, en todo el Nuevo Testamento, en ninguna parte consta que la Iglesia tenga que estar organizada así y así tenga que ser gestionada. Y, ¡por favor!, que nadie me venga ahora con el famoso texto de Mt 16, 18-19. Entre los mejores estudiosos del evangelio de Mateo, cada día aumenta el número de los que aseguran que esas palabras no salieron de boca de Jesús. Es un texto “redaccional”, muy posterior al texto original, añadido al evangelio por el redactor último del evangelio que ha llegado a nosotros.

    En fin, por hoy, basta con lo dicho. Seguiremos hablando de estas cosas en los próximos días. Pero me parece importante terminar diciendo que la Iglesia está, precisamente en estos días, en un momento privilegiado para afrontar sin miedo estas cuestiones, que apuntan a los problemas de fondo que la Iglesia tiene sin resolver. Y que, si no se afrontan y se toman en serio, esta Iglesia seguirá perdida (y callada), por muy lúcido y muy valioso que sea el papa futuro. Porque, insisto, el problema de la Iglesia no es el papa, es el papado, tal como está organizado y tal como funciona, sea quien sea el hombre que ocupa el trono papal.

    By Blogger Promo66, at 8:42 p.m.  

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