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jueves, mayo 03, 2007

SOBRE LAS PERDIDAS IRREPARABLES

Jorge Fuentes escribió:

Erick,
comparto con vos estas reflexiones que escribí cuando falleció mi mamá el 11 de julio del 2003. Espero que te ayuden a sobrellevar la pena que hoy nos une a nosotros con vos y a tu familia.

Sentido pésame


SOBRE LAS PERDIDAS IRREPARABLES

Todo hombre de edad avanzada sabe que morirá pronto pero, ¿qué significa saber, en su caso? La verdad es que la idea de que la muerte se aproxima está equivocada. La muerte no está ni cerca ni lejos. No es correcto hablar de una relación con la muerte: la realidad es que el anciano, como todos los demás humanos, tiene una relación con la vida y con nada más.

Simone de Beauvoir

En Occidente, el tema de la muerte siempre horroriza a la gente. No nos relacionamos bien con ella, de hecho, apenas nos relacionamos con ella. Nos gusta como pasatiempo y nos hartamos de ver escenas violentas en la televisión, el cine y en los juegos de video. Pero si sacamos la muerte de la pantalla y la trasladamos a la vida real, no somos capaces de mirarla. De tal suerte que navegamos en el barco ameno de la negación, pensando que la vida no tiene fin, que la muerte no existe o que no nos tocará a nosotros. Concebimos la muerte como la peor de las cosas y, por consiguiente, no queremos saber nada de ella. Hemos construido hospitales y funerarias para que hagan el trabajo sucio, así no necesitamos relacionarnos con ella (hasta que nos encontremos ante la puerta de una de esas pavorosas instituciones.)

La habilidad para apartarse de la realidad de la muerte es un lujo moderno. No hace mucho tiempo, la muerte tenía su lugar en la vida cotidiana. Varias generaciones vivían bajo el mismo techo y la gente nacía y moría en su casa. Enfermedades que ahora raras veces resultan fatales mataban a la gente de forma rutinaria antes de que existieran los antibióticos y otros avances médicos.

Los padres no esperaban que todos sus hijos alcanzaran la edad adulta: la mitad moría durante su infancia. La esperanza de vida era mucho menor. Y cuando alguien moría, lo más probable era que lo velaran en la sala de su propia casa. La muerte era un acontecimiento normal, esperado y tangible.

En nuestros tiempos, la muerte de un ser querido o la expectativa de nuestra propia muerte es una carga insoportable pues no tenemos preparación alguna. Por encima de todo, la muerte es parte natural del ciclo de la vida pero, si después de negar la muerte nos sobra algo de energía, la empleamos en mantenerla apartada. No nos queda mucha energía para aceptar que la muerte es inevitable. Esto quizás se deba a que somos organismos biológicos que harían cualquier cosa por mantenerse con vida. Cuando la pata de un lobo o un venado queda atrapada en una trampa, ambos animales saben que han de roer su extremidad hasta cortarla si quieren seguir viviendo aunque sea con sólo tres. Todos los seres vivos poseemos el instinto de conservación y en los humanos es especialmente fuerte porque somos los únicos seres del planeta que tenemos conciencia de que podemos morir. Al instinto de conservación Freud lo llamó Eros, el instinto o impulso natural por la vida misma.


Jorge Fuentes

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