PROMO66 LICEO GUATEMALA

domingo, abril 14, 2013

El mito del comunismo de Fidel Castro

Interesante artículo tomado de OtroLunes (Revista Hispanoamericana de Cultura)

Del Autor
Servando González

Es un escritor norteamericano nacido en Cuba. González ha escrito libros, ensayos y artículos sobre historia de los EE.UU. y América Latina, inteligencia, espionaje, teoría de las conspiraciones y semiótica. González es el autor de Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro, The Nuclear Deception, La madre de todas las conspiraciones, Obamania y Psychological Warfare and the New World Order, así como de los documentales Treason in America: The Council on Foreign Relations y Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, producidos por Xzault Media Group de San Leandro, California. Sus artículos aparecen en www.theintelhub.com y en su sitio web, www.servandogonzalez.org.



Fidel Castro es un caso único en la historia de la humanidad: un líder político al que sus enemigos acusan de lo mismo que él se jacta de ser: comunista. A nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido acusar a Stalin de comunista, a Mussolini de fascista o a Hitler de nazi. Sin embargo, a pesar de que no existe ni un ápice de evidencia que pruebe que Fidel Castro ha sido comunista, los anticastristas del exilio, salvo raras excepciones, han estado acusando a Fidel Castro de serlo por más de medio siglo, y aun lo siguen haciendo. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Por otra parte, esta actitud tal vez explique la verdadera causa de los continuos fracasos de los anticomunistas cubanos en su lucha contra Castro. Si hubiesen leído a Sun Tzu,70 habrían comprendido por qué el teórico más antiguo de la inteligencia y el espionaje afirmó que sólo quien conoce a su enemigo y se conoce a sí mismo ganará todas las batallas. Desafortunadamente, los cubanos anticastristas han demostrado una y otra vez que ni conocen a su enemigo ni se conocen a ellos mismos71. Es difícil tratar de hallar una explicación a esta conducta tan irracional de la mayoría de los anticastristas cubanos en el exilio, pero considero que son dos los motivos que justifican esta anomalía. Uno es el hecho de que, desde el principio, el exilio original anticastrista estuvo controlado casi en su totalidad por la CIA, y a los conspiradores del CFR, que siempre han controlado la Agencia, el mito del comunismo castrista les convenía para sus planes. Es por eso que la CIA inculcó el mito del castrocomunismo en la mente de los cubanos anticastristas del exilio originario, y éstos, para congraciarse con sus “amigos” de la CIA, lo aceptaron sin chistar. Otra razón, es que la mayoría de los cubanos del exilio inicial eran católicos militantes, y promover el mito del castrocomunismo les ayudaba a ocultar la dura verdad de que, lejos de ser el producto de las asambleas del Partido Socialista Popular [comunista], Fidel Castro es un fascista de pura cepa producto de las aulas jesuitas del Colegio de Belén.72 En su enfrentamiento contra el hombre que les había quitado de las manos el control político y económico del país, los oligarcas cubanos, la mayor parte de ellos ya en el exilio en la Florida, desesperadamente trataron de hallar una posición ideológica que justificara su oposición a Castro, sin admitir que tal vez la razón principal era tan sólo porque les había robado sus propiedades y los había forzado a abandonar el país.73 No obstante, lo que no podían ignorar era que Fidel Castro, el hijo de un rico terrateniente que había amasado su fortuna al servicio de los intereses de la United Fruit Company, era uno de ellos. Prueba de esto es que, tal como acostumbraban los miembros de la oligarquía cubana, Angel Castro envió a su hijo a estudiar a La Habana con los jesuitas en el exclusivo Colegio de Belén. Y cuando Fidel Castro se casó con la hija de un alto miembro de la oligarquía, también siguiendo la tradición viajó a los Estados Unidos a pasar su luna de miel, y a gastar los mil dólares que el Presidente Batista, buen amigo del padre de Castro, les había enviado como regalo de bodas. De modo que los anticastristas del exilio se vieron atrapados en el dilema de que, si atacaban a Fidel Castro por lo que realmente era, se iban a hallar en la difícil situación de tener que atacarse ellos mismos. Por eso abrazaron el mito del comunismo castrista. En noviembre del 2002, la revista cultural mexicana Letras Libres dedicó un número al tema “Futuros de Cuba”, en el que apareció un interesante artículo de Antonio Elorza, titulado “Fidel Castro, el poder y su máscara.” En su oportuno y necesario artículo, Elorza centró su análisis en la doblez, la mentira y la simulación en la conducta de Fidel Castro, a quien calificó no sólo de “excelente embaucador”, sino de haber sido quizás “el mejor demagogo del siglo XX”. Sin embargo, a pesar de que existen innumerables pruebas, como las que aporta Elorza, de que Castro es un mentiroso contumaz, la mayoría de la gente — y no me refiero tan sólo a sus admiradores, sino también a sus críticos — aún se empeña en creer a pie juntillas las afirmaciones del tirano. Desafortunadamente, esa imagen prevaleciente de Castro, que Elorza se esfuerza en esclarecer, se basa en lo que éste dice. Pero si nos fijamos en lo que hace, descubrimos a un individuo muy diferente. Tomemos, por ejemplo, el tantas veces repetido mito del marxismo y el comunismo de Castro. En un esfuerzo por descifrar ideológicamente a Castro, Theodor Draper, uno de los más agudos analistas del fenómeno castrista, concluyó, Desde el punto de vista histórico el castrismo es, pues, un líder en busca de un movimiento, un movimiento en busca del poder y un poder en busca de una ideología. Desde sus orígenes hasta ahora ha tenido el mismo líder y el mismo camino del poder, pero ha cambiado su ideología.74 No obstante, considero que, contrariamente a lo que afirma Draper, Fidel Castro nunca ha cambiado su ideología. Fidel Castro siempre fue, es, y será, profundamente castrista, es decir, un gánster psicópata asesino al estilo de Al Capone o Lucky Luciano. El hecho explica el por qué a lo largo de su larga carrera político-gansteril, Castro ha cambiado ideologías con la misma facilidad que una serpiente cambia la piel, por la sencilla razón de que carece de ideología política. Pero la piedra angular de la ideología personal de Fidel Castro consiste en asesinar a todo aquel que se le oponga o constituya un obstáculo para llevar a cabo sus planes secretos — algo que tal vez aprendió de sus preceptores jesuitas.75 Luis Ortega, un periodista cubano que lo conoció de cerca, también llegó a la conclusión de que Castro es simplemente un vulgar pandillero cuya única ideología es la violencia. Según Ortega, En la rebusca de los orígenes del castrismo se ha cometido el error de simplificar excesivamente las cosas encuadrando a Castro dentro de una actividad simplemente gansteril, lo cual no es enteramente cierto, porque se ignora deliberadamente que la etapa del gansterismo corresponde al momento final de los grupos de acción. Antes de caer en el gansterismo estos grupos habían sido otra cosa. Y en esa otra cosa, en ese ambiente de violencia delirante, de justicia expeditiva, es donde hay que ir a buscar las raíces más hondas del castrismo. La conducta posterior de Castro resulta perfectamente explicable si se refiere al centro de donde emana. La gran aportación de Castro a las luchas políticas de Cuba consiste, precisamente, en haber trasplantado la dinámica de las pandillas a las zonas rurales, lo cual en 1956 parecía irrealizable. Las desacreditadas pandillas del año 1946 llegan a jerarquizarse en el proceso que va del 56 al 59 con el nombre, más sugestivo, de guerrillas. El carácter delirante es el mismo. El método es similar. Los códigos que se aplican son los mismos. La terminología se ajusta a la de los grupos de acción. La ausencia de una doctrina sigue predominando en la guerrilla.76

Las raíces fascistas del castrismo

En su larga carrera política, Castro ha demostrado ser un gran destructor de organizaciones. Una vez que tomó el poder en Cuba en 1959, utilizó el Ejército Rebelde para destruir su propio Movimiento 26 de julio (M-26-7). Luego, utilizó a la recién creada milicia, “controlada” por los comunistas, para destruir al Ejército Rebelde. Por último, recuperó el control sobre el ejército y la milicia, y creó su propio partido “comunista” después de destruir el verdadero.
Los miembros del viejo Partido Comunista que se plegaron a su voluntad y se unieron al nuevo partido “comunista” de Castro se ganaron la supervivencia política. Los que se negaron, terminaron en el exilio, en la cárcel, o frente a los pelotones de fusilamiento.
Como los políticos corruptos de antaño, Fidel Castro es un oportunista. Cabe destacar que sus objetivos principales en la vida han sido la supervivencia y el poder político. La evidencia indica que, a pesar de los homenajes verbales al marxismo y al comunismo, Castro nunca se ha comprometido con ningún movimiento político o ideología, por lo menos no hasta el punto de verse obligado a defender posiciones ideológicas que obstaculicen su verdaderas metas.
¿Cuáles son, entonces, los verdaderos ideales de Castro, su raison d’être? Es difícil de decir, pero tenemos algunas pistas. Castro ha sido siempre un soñador y nunca se ha considerado un político. Una de las razones de su incapacidad para tener éxito en ningún campo antes de que se convirtiera en el líder máximo de Cuba, eran sus intereses dispersos. Castro siempre ha sido el gran dilettante, vehementemente en contra de especializarse en algún campo en particular. Sus talentos son más del tipo de supervisión que los de ejecución. Por tanto, no es de extrañarse que haya tenido éxito en el campo de la política. En realidad la política era un trabajo hecho a su medida. Los políticos por lo general no saben nada de nada, excepto las líneas generales de su programa de partido, pero tienen sus propias ideas en cuanto a cómo debe ser llevado a cabo. Sin embargo, en el caso de Castro, si uno escarba lo suficiente para hallar una ideología política subyacente, encontramos que su pensamiento y acciones están más cerca del fascismo que de cualquier otra ideología.
Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926, en Birán, un pequeño pueblo fundado por la United Fruit Company cerca de Mayarí, en la costa norte de la provincia de Oriente. Pasó sus primeros años en la finca Manacas, cerca de Birán, propiedad de su padre, Ángel Castro.
Cuando Fidel llegó a la edad escolar de la enseñanza media, sus padres lo enviaron a Santiago de Cuba, la capital de la provincia de Oriente, para estudiar en la escuela católica de los hermanos de La Salle. Después de un corto período de tiempo fue trasladado a la Escuela de Dolores, de los jesuitas. En 1942, después de terminar la enseñanza media, fue enviado a cursar el bachillerato al prestigioso Colegio de Belén en La Habana, también operado por los jesuitas.
En Belén Fidel se destacó como atleta, orador incansable y buen estudiante, tal vez no muy brillante, pero con una prodigiosa memoria fotográfica. Algunos de sus ex-compañeros de clase afirman que en Belén el joven Fidel cayó bajo la influencia de los padres jesuitas Armando Llorente y Alberto de Castro (sin relación con Fidel).
Los sacerdotes jesuitas del Colegio de Belén, al igual que la mayoría de los curas católicos españoles en Cuba, eran firmes partidarios de la Falange de Francisco Franco,98  un tipo particular de fascismo español, y albergaban profundos sentimientos antinorteamericanos. Estos sacerdotes inculcaron su entusiasmo por su causa antinorteamericana en las mentes impresionables de algunos de sus jóvenes discípulos en Belén.
En particular, el Padre Alberto de Castro, que enseñaba historia de América Latina, tuvo un papel cardinal en inculcar estas ideas. Según él, la independencia de América Latina se había frustrado debido a la adopción de valores y tradiciones materialistas anglosajonas, que suplantaron la dominación cultural española. De Castro siempre hacía hincapié en cómo Franco había liberado a España de los anglosajones y el materialismo comunista marxista-leninista. También hacía énfasis en que los que tienen la verdad, que sólo es revelada por Dios, tienen el deber moral de defenderla contra todos. El Padre de Castro siempre rechazó los compromisos ideológicos y clamaba por la purificación de la sociedad.
El joven Fidel fue rápidamente cautivado por las enseñanzas de sus profesores jesuitas, y en particular por las ideas del Padre de Castro.99  Algunos de sus compañeros de estudios afirman que, desde esa época, Fidel había leído la mayor parte de las obras de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española. José Pardo Llada, un comentarista de radio y político que en algún momento fue colaborador cercano de Castro, observó que en su campamento en la Sierra Maestra Fidel tenía las obras completas de Primo de Rivera.100  Tal parece que Fidel estaba tan fascinado con los discursos de Primo de Rivera, que muchos de estos los sabía de memoria. También sentía admiración por la imagen de Primo de Rivera, un hombre rico que lo abandonó todo y se fue a luchar por aquello en lo que creía.
Algunos de sus compañeros en Belén afirman que Fidel era también un gran admirador de otros líderes fascistas, como Hitler, Mussolini y Perón. Entre las lecturas preferidas de Castro estaba una colección de ocho volúmenes con los discursos de Mussolini.101  Por otra parte, Castro le dijo cierta vez a un amigo que había aprendido muchas cosas acerca de la propaganda mediante el estudio de Mi Lucha de Hitler, que también sabía de memoria. Algunos amigos recuerdan que el joven Fidel había puesto en una de las paredes de su habitación un gran mapa de Europa, donde había marcado los avances victoriosos de los panzers de la Wehrmacht.
Carlos Rafael Rodríguez, un exdirigente del  Partido Comunista original de Cuba que más tarde se convirtió en seguidor de Castro, ha confirmado estas historias. En una entrevista con uno de los biógrafos de Castro, Rodríguez le dijo que recordaba un artículo sobre Castro publicado en el periódico conservador Diario de la Marina, cuando Castro era alumno del Colegio de Belén. El artículo menciona que Castro siempre “hablaba sobre el fascismo de una manera favorable.”102 
Otro libro favorito de Castro era La técnica del golpe de estado, de Curzio Malaparte.103  Este libro ejerció una influencia tan fuerte en el joven Fidel Castro que, cuando viajó a Colombia en 1948, una de las primeras cosas que hizo fue dar una charla sobre las técnicas del golpe de estado.
El Padre Alberto de Castro había fundado en el Colegio de Belén una sociedad secreta elitista llamada Convivio, a través de la cual atrajo a jóvenes estudiantes con cualidades de liderazgo. Dado que la Orden Jesuita está a cargo de la inteligencia y el espionaje de la Iglesia Católica, no es descabellado suponer que el padre de Castro era en realidad un localizador de talento104  para los servicios de inteligencia del Vaticano. Al igual que sus homólogos de la CIA y la KGB, los jesuitas están conscientes de las ventajas del reclutamiento temprano de agentes105  y agentes de influencia106  entre las filas de los estudiantes. La mayoría de los estudiantes del Colegio de Belén provenían de la clase alta cubana, y los jesuitas sabían que muchos de ellos con el tiempo acabarían ocupando altos cargos en la economía cubana, la prensa, las fuerzas armadas y el gobierno.
Fidel Castro pronto se convirtió en uno de los miembros más activos de Convivio. En 1943, el padre de Castro y sus discípulos de Convivio firmaron un pacto secreto en el que juraron luchar por una América hispana grande y unida, que se opusiera al control  de los traicioneros anglosajones sobre el Nuevo Mundo.107
El Dr. José Ignacio Rasco, compañero de escuela de Fidel en Belén, recuerda que en una ocasión, durante una discusión académica, Fidel defendió, como una tesis, la necesidad de un buen dictador en lugar de una democracia. Fidel creía que, en el caso específico de Cuba, los problemas seguirían sin resolverse a menos que una mano fuerte tomara el control de la isla, ya que la democracia había demostrado ser incapaz de resolver los problemas.108
Los comunistas cubanos, y los soviéticos a través de ellos, conocían las ideas de Fidel en relación a la lucha de clases, lo que explica por qué nunca confiaron en él ni lo consideraron uno de los suyos. En uno de sus esclarecedores estudios sobre el castrismo, Theodore Draper publicó una carta que Castro escribió a su amigo Luis Conte Agüero el 14 de agosto de 1954. En ella Fidel le informa acerca de su objetivo de “organizar a los hombres del 26 de julio y unir a todos los combatientes en un haz indestructible.”109  Haces (el plural de haz), es la versión en español de fasces, la palabra latina usada después para designar el fascismo.110
Fidel creía firmemente que, en lugar de la lucha de masas del proletariado organizado que predicaban los comunistas, el liderazgo por sí sólo podría proporcionar el catalizador que movilizara al pueblo en la revolución. En una carta a su amigo Luis Conte Agüero, Castro hace hincapié en las dos condiciones que él considera más importantes que su movimiento M-26-7 debía lograr. Ellos son la disciplina y el liderazgo, especialmente este último. El axioma de Castro “la jefatura es básica”, que repetía una y otra vez en sus artículos, cartas y discursos,111  está más estrechamente relacionado con el principio del liderazgo (führerprinzip) nazi que con cualquier principio marxista conocido.
El principio del liderazgo es parte integral básica de todos los sistemas fascistas. Contrariamente a lo que hemos visto en la mayoría de los países comunistas, la personalidad de los líderes ha jugado un papel crucial en todos los regímenes fascistas. Como el estudioso del fascismo Walter Laqueur ha señalado con razón, “el liderazgo como institución y símbolo ha sido una parte esencial del fascismo y uno de sus específicas características, en contraste con las formas anteriores de la dictadura, como el gobierno militar.”112
Aunque no todos los líderes fascistas han sido carismáticos, la personalidad del líder siempre ha jugado un papel importante en los regímenes fascistas. Es sintomático, sin embargo, que los dos movimientos fascistas más conocidos en la historia de la humanidad han sido, precisamente, los dirigidos por dos líderes carismáticos: Mussolini y Hitler.
Por el contrario, la idea del líder carismático está totalmente ausente del pensamiento marxista. Ni siquiera en los tiempos de Stalin o Mao éstos fueron llamados “carismáticos” — una de las mayores críticas a Stalin después de su muerte fue su llamado “culto a la personalidad”. Por el contrario, los marxistas y comunistas siempre han restado importancia al papel del individuo, dando más importancia al papel de las masas. Aún más, el odio visceral de Castro contra el capitalismo, una de las supuestas pruebas de sus inclinaciones comunistas, no es evidencia de que haya sido izquierdista o marxista, porque los fascistas también se caracterizaban por atacar el capitalismo y el imperialismo extranjero.113
Durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, estaba de moda entre los intelectuales cubanos simpatizar con las teorías totalitarias de los entonces miembros del poderoso eje Roma-Berlín-Tokio. Fue tan sólo después de la Segunda Guerra Mundial y la derrota nazi, cuando Fidel Castro era estudiante de la Universidad de La Habana, que las ideas del comunismo comenzaron a ganar popularidad en Cuba, aunque todavía el fascismo atraía a un gran número de la intelectualidad cubana.
Desde muy temprana edad Fidel evidenció una fuerte vocación totalitaria. Conociendo su personalidad psicopática y su ansia de poder personal absoluto, es fácil concluir que se trataba tan sólo de una cuestión de pragmatismo político cuál de las dos ideologías, el fascismo o el comunismo, mejor le serviría a sus propósitos. El Dr. Raúl Chibás, por algún tiempo aliado político de Castro, afirmó que creía que Fidel estaba “utilizando el comunismo como el sistema más adecuado para alcanzar los objetivos del gobierno de un solo hombre”. Chibás opinaba que Castro se valió del comunismo totalitario para implementar el gobierno dictatorial en Cuba, pero, “Veinticinco años antes podría haber sido el nazismo o el fascismo”.114
Varios años después de que Castro tomó el poder en Cuba, se supo que algunas personas en el Departamento de Estado de EE.UU. estaban convencidas de que Castro iba a seguir un camino fascista. Las razones para tal creencia eran que el estilo de liderazgo de Castro se aproximaba más a la dictadura falangista española que a la de los marxistas. Otras razones eran las similitudes entre las técnicas de Castro y las de los nazis y de Mussolini. Esas técnicas ponían énfasis en el nacionalismo y la movilización de masas, exactamente las mismas técnicas que Castro estaba usando en Cuba.115
Al parecer no estaban equivocados. Un análisis detallado de la estrategia de Castro desde los primeros días de la revolución demuestra que sus ideas se asemejan más al fascismo que al marxismo116  y, desde el principio, los comunistas cubanos notaron las similitudes. Como he mencionado anteriormente, después que Castro asaltó el cuartel Moncada en 1953, los comunistas cubanos criticaron la acción y calificaron a sus participantes de “golpistas” y “pequeños burgueses”, términos que en la jerga comunista de esos tiempos connotaban fascista.
Además, el movimiento revolucionario dirigido por Fidel nunca fue definido por los comunistas cubanos como marxista o marxista-leninista, sino “pequeño burgués” y “nacionalista”, una descripción común utilizada por los marxistas para describir el fascismo. Los comunistas cubanos, que eran verdaderos expertos en cuestiones ideológicas, siempre vieron a Castro como un fascista. Es por eso que llamaron el ataque al cuartel Moncada “un intento putschista.” La historia ha demostrado que tenían toda la razón.

¿Castrismo o jesuitismo?

Quienes han visto a Fidel Castro simplemente como un líder político nacionalista y antinorteamericano no se han percatado de la verdadera esencia del castrismo. A pesar de que Castro se ha beneficiado con el uso de técnicas organizativas y políticas copiadas de otras organizaciones políticas y religiosas, en especial las comunistas y las fascistas, el énfasis del castrismo en la creación de un hombre nuevo con una nueva conciencia, indica que, básicamente, el castrismo no es un movimiento político sino un culto pagano muy similar al que se originó en Esparta, luego renació en Alemania con el nazismo,181  y todo indica que está renaciendo en los EE.UU.
Como hemos visto anteriormente, la verdadera ideología de Fidel Castro es un enigma que ha confundido no sólo a la mayoría de los estudiosos que han tratado de descifrarlo, sino también a sus colaboradores más cercanos y a sus enemigos. El hecho de que Castro haya podido ocultar sus verdaderas creencias y filiaciones ideológicas se debe a su extraordinaria habilidad en crear pistas falsas para desorientar a enemigos y amigos. Esta es sin duda una de las razones por las que ha tenido tanto éxito en engañar a casi todo el mundo.
Sin embargo, existe una gran evidencia que indica que, contrariamente a lo que él mismo afirma y la mayoría de la gente cree, Fidel Castro nunca fue, nunca ha sido y nunca será marxista o comunista. Por otra parte, tal parece que ni siquiera es un fascista de verdad. La relación que Fidel Castro logró establecer con el pueblo cubano y con sus colaboradores cercanos sempre ha sido con su persona, no con sus ideas o con ninguna ideología en particular.182  Es por esto que Castro ha cambiado sus ideas muchas veces sin peligro de dañar esta relación. Tal como Herbert Matthews observó,
A principios de la revolución sugerí que Castro usó los movimientos y las ideologías como prendas de vestir; poniéndoselas, quitándoselas, tirándolas a la basura, colgándolas en el armario, pero siempre quien las usaba era el mismo Fidel Castro.183
Además, teniendo en cuenta las peculiares características de su modo de pensar, es muy difícil de creer que, durante toda su vida, Fidel Castro haya sido otra cosa que un fanático castrista. No obstante, tal como he mencionado en este libro, un axioma cardinal de inteligencia y espionaje es que las cosas rara vez son lo que parecen ser. ¿Hasta qué punto, podría uno preguntarse, la ideología que ha inspirado a Castro no es el marxismo, tal como el clama, ni el fascismo, como algunos opinan, sino el jesuitismo? ¿Hasta qué punto el fallido ataque al cuartel Moncada, que los comunistas cubanos calificaron de “intento putschista” — frase clave que en el lenguaje de los comunista significa fascista — no fue de inspiración marxista, sino jesuita? ¿Hasta qué punto la fallida operación nicaragüense no fue una operación Castro-soviética, como algunos alegan, sino una operación conjunta Castro-jesuita?
Un análisis crítico de la doctrina castrista del internacionalismo proletario, la cual se alega fue inspirada por el marxismo, descubre extraordinarios puntos de contacto con la doctrina jesuita del ultramontanismo, la afirmación práctica jesuita del universalismo.184 El 21 de julio de 1773, el papa Clemente XIV abolió la Orden Jesuita. Sin embargo, en 1776 el jesuita renegado Adam Weishaupt creó la Orden de los Illuminati, una sociedad secreta cuyo fin era destruir todas las religiones y gobiernos del mundo y fundirlos en un nuevo orden mundial, a través de un proceso que llamó “internacionalismo”. ¿Es el internacionalismo castrista en realidad una versión del internacionalismo jesuita de Weishaupt? Al parecer lo es.
El control totalitario de Castro sobre los cubanos no se diferencia mucho de las ideas de Ignacio de Loyola, quien pensaba que la unidad de la Iglesia no era posible sin una sumisión total al Papa.185  Pero los jesuitas no limitaban sus designios totalitarios a la Iglesia, sino que también deseaban hacer extensivo este absolutismo monástico a la sociedad civil.
A sus ojos, los soberanos eran tan sólo representantes temporales del Papa, la verdadera cabeza de la cristiandad. Siempre que los monarcas se mantuvieran serviles al Papa los jesuitas eran sus más fieles servidores, pero si alguno de esos monarcas se rebelaba, los jesuitas se convertían en sus enemigos jurados. Esta visión es muy similar a la actitud que Fidel Castro siempre ha mantenido en sus relaciones con los gobiernos de América Latina.
La palabra compañero usada inicialmente por Castro y luego adoptada por sus seguidores ha sido erróneamente interpretada como sinónimo de camarada, un término con obvias connotaciones comunistas. Pero, lejos de ser una usanza comunista, compañero es en realidad el término escogido por Ignacio de Loyola para que los miembros de la Compañía de Jesús se trataran entre ellos, como medio de enfatizar su lucha colectiva por lograr su objetivo religioso.
Muy pocos parecen haber notado las muchas similitudes entre castrismo y jesuitismo. Sin embargo, los hechos indican que el estado “socialista” que Castro creó en Cuba no difiere mucho del que los jesuitas crearon en Paraguay a comienzos del siglo XVII, en el que los indios guaraníes fueron adoctrinados y obligados a vivir una vida regimentada bajo una férrea disciplina comunitaria. Tal como sucede en la Cuba actual, el estado jesuita no permitía libertades de ningún tipo. Los nativos no podía disponer de su tiempo y de sus personas libremente, y toda la propiedad pertenecía al estado. Sin embargo, según los ideólogos jesuitas del momento, los nativos eran felices, porque disfrutaban de educación y salud pública gratis y el estado les garantizaba un trabajo permanente.
Los jesuitas gobernaban a los indios con mano de hierro, y castigaban hasta las más mínimas violaciones del código de conducta que les habían impuesto. El ayuno, la penitencia, los flagelos públicos y la prisión eran usados indiscriminadamente para mantener a los “felices” indios bajo control.186  Los indios eran mantenidos aislados del mundo exterior y los comerciantes no podían acercarse a la comuna socialista jesuita. El cuadro descrito anteriormente se parece mucho a la sociedad que Castro ha impuesto en Cuba, incluido el llamado “embargo” económico. ¿Acaso será posible, pudiera uno preguntarse, que tal como lo hicieron los jesuitas en el Paraguay, Castro haya estado todos estos años tratando de crear un estado teocrático jesuita en Cuba?
Al igual que en la Cuba castrista, el experimento socialista de los jesuitas terminó en un fracaso total. Al carecer de incentivos materiales, los indios perdieron todo interés en el trabajo. De la misma forma que Castro ha culpado a los cubanos por su fracaso, los jesuitas culpaban a los indios por el suyo. Según los jesuitas, los indios eran holgazanes, avariciosos y de mentalidad estrecha. Según Castro, los cubanos son holgazanes, avariciosos y carecen de “conciencia revolucionaria”.
En el paraíso jesuita los frutos se echaban a perder en el campo sin que nadie los cosechara, los implementos de labranza se deterioraban sin ser usados y el ganado moría abandonado. Unos pocos años después del comienzo del experimento socialista, el hambre era tal que era común que los indios desenyugaran un buey, lo mataran ahí mismo, encendieran una hoguera, lo cocinaran y se lo comieran.187
Difícilmente se pueda hace una descripción mejor de la Cuba actual después de más de medio siglo de castrismo. La matanza ilegal de ganado se ha vuelto tan común, que la Asamblea Nacional tuvo que aprobar una ley que modificaba el código penal vigente para crear sanciones más severas para este tipo de actividad. Según Granma, en 1986 cerca de 17,000 cabezas de ganado fueron robadas y sacrificadas ilegalmente. En 1998 este número se elevó a 48,656.188
En 1750 España y Portugal firmaron un tratado por el que se delimitaban las fronteras en América. Mediante este tratado, España le cedió a Portugal los derechos sobre un vasto territorio situado al este del río Uruguay, precisamente en la zona donde los jesuitas habían establecido su estado socialista. Como resultado, se le ordenó a los jesuitas que se retiraran con sus indios al lado español de la frontera. Lejos de obedecer la orden, los jesuitas armaron a sus súbditos guaraníes y comenzaron una larga guerra de guerrillas contra Portugal. Finalmente, después de muchos años de lucha, permanecieron dueños de la tierra, que finalmente tuvo que ser devuelta a España. ¿Sería posible acaso, que la guerra de guerrillas primero contra Batista y luego contra la mayoría de los gobiernos de América Latina, no haya sido inspirada por Mao, tal como afirmara Castro, sino por los jesuitas?
La organización socialista totalitaria en que se basa la Compañía de Jesús ha sido siempre tan atractiva para los líderes de mentalidad totalitaria que algunos la copiaron exitosamente. Por ejemplo, Heinrich Himmler la tomó de modelo para su organización Schutzstaffel (la tristemente célebre SS), la que creó siguiendo los principios jesuitas. Los estatutos de servicio y los ejercicios espirituales prescritos por Ignacio de Loyola formaron desde el principio parte integral de las SS. Como en la Orden jesuita, la obediencia absoluta al líder era el principio cardinal. Todas y cada una de las órdenes de un superior debían se aceptadas por sus subordinados sin preguntas o reservas mentales, perinde ac cadaver (como un cadáver).189
En un esfuerzo por salirle al paso a las críticas sobre la falta de democracia y libertad en Cuba, Castro ha respondido en varias ocasiones afirmando que, por el contrario, el régimen que ha impuesto al pueblo de Cuba es un ejemplo de verdadera democracia. Uno pudiera preguntarse si la “democracia” que Castro ha implantado en Cuba puede haber estado inspirada en la idea jesuita de democracia dentro de la Orden. En el seno de la Orden los jesuitas tienen total libertad de discutir cómo servir mejor al sistema, pero el sistema en sí mismo es sacrosanto.190
Castro ha amasado una inmensa fortuna, pero no parece importarle mucho el dinero ni el disfrute de los bienes terrenales. No oculta que siente una gran admiración por los jesuitas debido a que, según él, “Los Jesuitas nunca han estado motivados por la ganancia.” En cierta ocasión, Castro le contó a su biógrafo Carlos Franqui como los jesuitas formaban gente de carácter, y que admiraba su estilo de vida espartano.
No obstante, sería injusto culpar totalmente a los jesuitas por la creación del monstruo que resultó ser Fidel Castro, en lugar de al propio monstruo.191  Sin embargo, no es menos cierto que los padres jesuitas del Colegio de Belén cometieron una grave violación de sus deberes religiosos cuando, en vez de tratar de neutralizar la malvada criatura que tenían en sus manos, alentaron y cultivaron el lado oscuro de Fidel Castro.192
Por otra parte, tal parece que el papel de los jesuitas en cultivar el monstruo de Birán no fue producto de errores, sino de un esfuerzo consciente. El periodista argentino Alfredo Muñoz Unsaín, quien por muchos años fuera corresponsal en La Habana para la agencia France Press, ha contado una anécdota reveladora.
Cuando el padre Pedro Arrupe estuvo de visita en Cuba a comienzos de los 80, Muñoz Unsaín habló con el. Muñoz recordó que, durante la conversación, el papa negro le mencionó la excelente tarea educacional de los jesuitas, y terminó diciéndole que estaba muy complacido con el trabajo de los jesuitas en América Latina, en especial cómo muchos de sus discípulos habían llegado a puestos importantes en todo tipo de profesiones. A lo cual Unsaín le ripostó: “Bien, pero no creo que esté orgulloso de todos. No olvide que Fidel Castro fue uno de sus discípulos.” A lo cual Arrupe, en el típico estilo jesuita, contestó a su vez con una pregunta: “Y qué le hace pensar que no estamos orgullosos de Fidel Castro?”193
Contrariamente a lo que Castro y sus enemigos afirman, es difícil creer que, durante su larga vida, Fidel Castro haya sido otra cosa que un fanático fidelista. La semejanza entre el castrismo y el nazismo se debe a que tanto el nazismo como el castrismo no son movimientos políticos sino cultos religiosos. No obstante lo anterior, si me viera precisado a definir la ideología de Fidel Castro, lo cual no es fácil, diría que es un especie de jesuita renegado194  que llegó al poder y lo ha mantenido usando tácticas fascistas.195  Su pasión por la mentira no es sino una evidencia más de su criptojesuitismo — lo que la Compañía eufemísticamente llama “reservas mentales”.
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Nota: se omitieron las notas al pie del artículo. Quienes deseen leearlas pueden ir al artículo original en la revista OtroLunes, número 24, Septiembre 2012- Año 6.

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