PROMO66 LICEO GUATEMALA

domingo, junio 17, 2007

ENTREVISTA

Eduardo Suger Cofiño. Matemática y política. Candidato a la Presidencia por Centro de Acción Social (CASA).

Es matemático, pero lo que realmente define su vida es la cátedra: siempre fue profesor, profesor en el colegio cuando le explicaba a sus alumnos, profesor en Suiza, cuando un maestro le dejó el pizarrón para que explicara el problema, profesor de Matemática en la Universidad Galileo, de la cual es fundador y rector.




Claudia Méndez Arriaza /elPeriódico


Su padre fue un suizo que viajó en 1930 a Guatemala y se casó con una guatemalteca, pero la guerra los separó y él no supo de su padre sino 18 años más tarde, cuando viajó a Zúrich con intenciones de estudiar Matemática y Física. Aun cuando en Guatemala no tenía lazos familiares, Eduardo Suger nunca se sintió tan a gusto en otro lugar como aquí. Ahora quiere ser Presidente.

¿Por qué un matemático incursiona en la política?

– El hecho de trabajar en Guatemala durante 44 años en docencia universitaria y estar en contacto permanente con los jóvenes, conocer sus inquietudes, capacidades y potencial, y luego descubrir que no encuentran un espacio... unos estudiantes se acercaron y me dijeron que debía sentirme como un entrenador que formó a Ronaldo o Ronaldinho, pero al final los jugadores preguntan: “¿Dónde está la cancha?”. Muchos de mis alumnos han emigrado a Estados Unidos, Irlanda, Francia o Alemania... entonces pienso: Guatemala necesita una
transformación.

Usted ha dicho que lo que Guatemala necesita es cambiar las reglas del juego, ¿concretamente cuál es su propuesta de gobierno?

– La política le sirve de modus vivendi a un grupo de personas que se acomodan a intereses particulares. Y la culpa es nuestra, de la gente que sabe leer y escribir. La primera acción que sugerimos es reestructurar el Ejecutivo, integrando los ministerios. Ahora hablamos de Ministerio de Salud, Educación y Economía, pero los tres están íntimamente ligados y dependen uno del otro. No se puede tener la educación desligada del crecimiento económico, como tampoco se puede desligar a estos del programa de salud, ni de infraestructura. Esos ministerios se unen en un Ministerio de Desarrollo y Crecimiento Humano...

Supongo que la misma propuesta sigue en el área de Seguridad. Un gran Ministerio con diferentes feudos.
– Los llamaría Secretarías. Y la Secretaría de Seguridad Nacional y Ciudadana agruparía los diferentes estados de fuerza que la sociedad puede demandar en determinados momentos. En Estados Unidos y Europa, por ejemplo, en el punto más alto se encuentra el Ejército, lo cual no significa que ellos manden, sino que es la fuerza de respuesta en casos extremos. Bajo el Ejército debe encontrarse la Policía Nacional Civil (PNC), pero debe existir una fuerza descentralizada, llevada a un nivel municipal: es decir, deberían existir 332 PNC, una por cada municipio, y el jefe de Policía debiera ser nombrado por el propio municipio, así como sus policías. Y solo cuando exista un problema grave, narcotráfico, digamos, entonces esa Policía recurrirá a la fuerza superior. El nuestro, para mí, es un caso extremo ahora: en una ciudad donde la gente de una zona deja su casa bajo la amenaza de mareros, el único camino es la fuerza. ¿De qué otra manera respondemos al hecho de que se registran 400 muertes al mes?

Con la aplicación de la ley, Doctor; este es un país con una historia marcada por la impunidad.
– Estoy de acuerdo, pero en ese bus, donde en este momento hombres armados disparan, requieren que nosotros respondamos con cuatro soldados en la camioneta. Es obvio que queremos alcanzar un estado de Derecho donde existan suficientes jueces, una Fiscalía fuerte y capacitada, y una Policía debidamente entrenada, seleccionada y descentralizada. Pero, insisto, de momento se perdió el control y la única vía es el estado de excepción, salir a buscar de casa en casa a los criminales.

¿No le parece una medida extrema?
– No, me parece que es lo que demanda la situación. ¿Cómo le explicamos a las mamás la muerte de sus hijos que fueron baleados anoche? Están muriendo más guatemaltecos que durante el enfrentamiento armado, sufrimos una guerra de 36 años, pero en poco más de una década hemos aumentado el número de muertos y esa realidad es macabra.

Matemáticamente inconcebible.

– Exactamente. Insisto, por eso, en una transformación del Ejecutivo. A esas Secretarías de Seguridad y Desarrollo Humano se unen las de Relaciones Exteriores y también la de Finanzas, pero esta transformación requerirá de reformas legales... no hablo de reformas constitucionales, sino de modificar leyes orgánicas.

¿Teme hablar de una Asamblea Constituyente?
– No tengo temor, pero creo que debe reservarse para después. Creo más bien que nuestro problema es que somos un país diverso culturalmente y no le hemos dado el derecho a los pueblos a resolver sus propios problemas. La idea es realmente transformar el país en una república federal, hablo de una descentralización empoderando a las municipalidades, declarando a cada departamento responsable de su desarrollo. Que Huehuetenango elija a su Gobernador, seleccione su propio Gabinete, defina su propia política de salud y educación e incluso su propio sistema tributario. Si le entregamos a San Marcos su derecho de autogobernarse, ellos sabrán definir si la mina les conviene o no...

Y la mina, ¿les conviene o no?

– Eso debe decidirlo cada comunidad, no el Presidente. Si en San Marcos vieran el beneficio, darían un sí a la explotación... porque sabrían si esos beneficios pueden terminar con la miseria y promover su desarrollo; pero si ellos ignoran en dónde se invierten los fondos derivados de la explotación, porque los fondos se quedan aquí y les trasladamos solo el 10 por ciento... si nunca gozan de los beneficios, es obvio que responderán un rotundo no a la mina.

Usted propone refundar la Nación. Crear el Estado autónomo de Huehuetenango, el Estado autónomo de San Marcos ...

– Sí, y que ellos mismos definan sus impuestos. En Suiza, por ejemplo, la industria química estaba concentrada en Basilea, aún es fuerte en Basilea, pero otro Estado, en ese entonces menos próspero, decidió atraer toda esa industria. Sí propongo una refundación del país. ¿Por qué vamos a seguir nosotros definiendo desde aquí la educación de los quetzaltecos?

Que cada departamento lidie con sus propios problemas.

– Y a la hora de dividir los problemas se pueden tratar mejor.

Una solución muy matemática.
– Exactamente, y el principio es dividir y simplificar. Veamos un caso concreto: nuestras cadenas de producción están interrumpidas y seguimos siendo productores de materia prima. Ni Suchitepéquez ni Retalhuleu transforman el látex que exportan hacia México, no le agregamos valor a nuestros productos y no somos competitivos porque la banca cobra tasas de interés altas y, ¿por qué? Porque estaba centralizada hacia nosotros mismos y cerrada el ingreso a la banca extranjera, pero el problema está cambiando y el ingreso de banca extranjera facilitará el acceso a un crédito más barato que nos hará competitivos.

El credo de su partido promulga que el bienestar de cada quien corresponde a lo que cada quien aporta. ¿A qué se refiere?

– Es una ley natural porque es parte de la libertad del individuo. Acá en la Universidad Galileo he dicho: “Necesito maestros para Quiché el fin de semana, habrá viáticos y vamos a pagar el doble por cada hora...” Hay quienes dicen voy, y hay quienes dicen que no. Quienes van, ganan más.
En Guatemala, el único camino para superar la pobreza es crear oportunidades para quien desee trabajar y mejorar su estado económico. No creo, por ejemplo, que una ley fije el salario mínimo, porque para crecer debemos crear las condiciones que incentiven el nacimiento de empresas sumamente necesarias, porque la tierra es una fuente, pero una fuente con presión.

Y mencionarla en un discurso político es hasta cierto punto incómodo. Rigoberta Menchú ha debido aclarar a qué se refiere cuando habla de Reforma Agraria y ha dicho que habla concretamente de certeza jurídica sobre la propiedad.
– En Sonsonate, El Salvador, antes del enfrentamiento armado, la gente trabajaba en la tierra, como nosotros. En determinado momento llegó Texas Instruments a montar una planta para fabricar componentes de computadoras. Las mujeres de ese lugar tenían tal habilidad manual que pudieron ensamblar piezas y ganaron mucho más que trabajando en la tierra, a pesar de su analfabetismo.

Usted es un experto en ese campo, ¿qué aprueba del actual Gobierno en materia de Educación?
– Lo repruebo todo. Trabajo con maestros de áreas marginales y al magisterio realmente no se le ha dado lo que debió dársele desde hace 25 años. Se está llevando una herramienta que se ve como solución: 15 mil computadoras, pero ¿para qué? Nuestros maestros no están preparados; lejos de crear un progreso en educación creó un caos.

Lo comprendo, pero, ¿no regatea el éxito que logró en cobertura esta administración?

– La cobertura es una ventaja que depende de la calidad: si voy a dar una cosa que no sirve, mejor no la reparto. No se trata de cobertura. Trabajo día a día con padres de familia, conozco las escuelas y los maestros que intentan salir adelante... Visité recientemente las escuelas públicas en Villalobos I, y la realidad es distinta.

¿Qué encontró?
– Mucha necesidad de trabajar y apoyar seriamente al maestro en su formación y remuneración. Si usted habla de una reforma educativa, hablará del plan de estudios, pero una vez lo tenga listo, ¿quién es su herramienta? El maestro.

Y cuando uno habla con los maestros, uno descubre que se sienten tan mal representados por líderes como Joviel Acevedo.
– Joviel Acevedo no los representa, el maestro lo que tiene son ansias de aprender. El otro día inauguramos un curso para maestros y fue increíble, porque a pesar de que debían pagar una cuota de Q100, hubo maestros que lo hicieron. Ellos quieren formarse, pero también es obvio que necesitamos replantear su remuneración.

Y eso sí es función del Estado, pero ¿subsidiar?, usted cree en un “subsidio temporal”. ¿Cuál es el subsidio en el que usted cree?
– El subsidio no debe existir porque las funciones estatales son radicalmente otras, pero en un país como Guatemala, dado nuestro caos, sí creo que el Estado debe intervenir para resolver esos enormes problemas de educación, salud y vivienda. Pero una vez empecemos a caminar, entonces el Estado deberá intervenir menos en una sociedad educada que solucione sus problemas civilizadamente.

¿Y cree, por ejemplo, que la pena de muerte es una solución civilizada a los problemas de inseguridad?
– Creo en la pena de muerte. Y creo que debe aplicarse en casos extremos: en crímenes horrendos. No veo otra forma de castigar a un hombre que viola y estrangula a una niña de 7 años. En lo que no creo es en que recaiga en manos del Presidente la decisión final, después de que los jueces emitieron su fallo.

Su nombre aparece en el REMHI como un asesor al servicio del Ejército, concretamente como un técnico útil para el servicio de inteligencia y vigilancia ciudadana.

– Eso sucedió en 1983. La historia real es que en los ochenta un profesor me dijo: “Si aquí se sienta un chafarote, yo no voy a dar clases”. Yo le respondí: “Si los chafarotes no van a recibir clases, ¿cómo van a ser menos combativos?”. Un oficial me llamó en ese entonces y expliqué que la educación no reñía con nadie, e iniciamos los programas educativos en el Ejército y, ahora, solo ahora, para graduarse de subteniente en la Escuela Politécnica, debe haber obtenido una Licenciatura. Y para ascender de grado, en el Centro de Estudios Militares, debe haber concluido una Maestría. Nuestros oficiales no son los mismos de antes. Ese es mi vínculo real con el Ejército, sí es cierto que yo llegaba al centro de cómputo del Ministerio de la Defensa, pero era para dar clases de Matemática. Me acerqué a un sector rechazado por las universidades, a quienes se quería apartar de la educación, justamente donde más se necesitaba educación.

Y su único paso real por un Ejército fue cuando prestó servicio en Suiza.
– Como soldado en las tropas antiaéreas, y de allí no pasé de nada. En Guatemala me hicieron coronel asimilado y paracaidista honorario; conozco la realidad de la vida militar, y creo que la sociedad ha sido injusta al categorizar a toda la institución por errores de unos cuantos.

¿Por qué volvió a Guatemala si aquí no existía ningún lazo que lo trajera de vuelta? La pregunta es: ¿Qué lo trajo de vuelta?
– En Suiza me iba muy bien, trabajaba en una buena compañía, pero en realidad yo estaba enamorado, tengo 43 años de estar casado con Regina, la mujer de quien me enamoré en el colegio, aquí en Guatemala. En Suiza, y en cualquier parte del mundo, siempre me sentí de tránsito. Al regresar sentí un choque, pero me di cuenta que este era mi país, que nunca dejé de ser guatemalteco.

Usted es matemático y sabe que tiene pocas o nulas posibilidades de ser Presidente. ¿Por qué participa si lo sabe?
– Eso no lo sé.

No me engañe ni se engañe.
– Ni me engaño ni la engaño. El siglo XXI está caracterizado porque no es un mundo determinista. No está escrito qué va a pasar mañana, no está escrito qué va a pasar en una hora. En 1990, Jorge Serrano salió de la nada.

Creo que Harold Caballeros puede confiarse más de ese fenómeno, pero Eduardo Suger no.
– ¿Quién sabe? Digamos que puede pasar todo lo contrario porque Harold Caballeros arrastra ya una carga: Jorge Serrano y Efraín Ríos Montt... hablo de la carga religiosa.

¿Cuál es el presupuesto de su campaña?
– No tenemos un presupuesto, vivimos del aporte de cada uno de los que participamos: si voy a ir a tal lado, pues yo mismo pago la gasolina. Pero quiero volver a la pregunta anterior, usted me dijo: “Sabe que no va a ganar”, ¿sabe algo? Si no gano, me habré dado el gusto de darle clases a la gente o los grupos que ahora me invitan a los foros, que me invitan con la idea que tengo un pensamiento distinto sobre el futuro del país... y si se da cuenta, estoy cumpliendo mi función de siempre: dar clases, ser profesor, enseñar, lo he hecho toda la vida y eso me hace feliz, muy feliz.

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