PROMO66 LICEO GUATEMALA

miércoles, noviembre 05, 2014

LA CAPERUCITA ROJA

Cuento ecológico

   Hubo una vez un inmenso y maravilloso bosque, en el que vivían toda clase de animales y plantas.
Los pájaros desplegaban sus alas dejando ver su plumaje variopinto de colores y su gorjeo, que se escuchaba desde lejos, semejaba un concierto sinfónico.
   Pero… El paraíso no es eterno. La belleza del bosque atrajo a leñadores y cazadores, quienes se dedicaron a destruir los árboles y a matar a los animales, obligando a los que quedaban a huir hacia los bosques vecinos, pues además de perseguirlos destruían su hábitat. Incluso, estaban iniciando trabajos para explotar una mina de oro recientemente descubierta.
    Aquel bello bosque en poco tiempo quedó irreconocible. A pesar de todo, quedó un grupo de animales decididos a rescatar el bosque y devolverle su belleza para que volvieran las lluvias y con ellas todos los animales.
   El oso, tomando el liderazgo, convocó a una reunión en la caverna del fondo, único lugar seguro para ellos.
   Después de escuchar todas las quejas y de discutir ampliamente las diferentes propuestas, optaron por tomar la iniciativa basados en los consejos del búho, conocedor de los derechos de los animales, quien aconsejó que de inmediato tomaran acciones de hecho, pues la situación exigía actuar sin demora. De inmediato nombraron al lobo su vocero, pues su voz se escuchaba hasta los lugares más lejanos y su primer encargo fue pedir ayuda a los bosques vecinos solicitando su apoyo y solidaridad, convocando a delegaciones de toda la región.
   Una vez decidida la acción, se lanzaron a bloquear los caminos, impidiendo la circulación del transporte en las cercanías del bosque. Inmediatamente, la noticia se regó por todo el país; los pobladores afectados decidieron tomar la justicia por su propia mano y planearon linchar a los “revoltosos”, pero al llegar a la orilla del bosque se encontraron con tal cantidad de animales gritando consignas como: “¡El bosque unido jamás será vencido!” que del miedo se quedaron paralizados. Los monos escribieron pancartas que decían “¡Fuera los invasores!”, “¡Devuélvannos el bosque!”.
   Al poco tiempo ya había corresponsales de diferentes medios cubriendo la noticia, llegó el comisionado de la ONU para la protección del medio ambiente, un grupo de Green Peace se internó en el bosque de inmediato para vigilar que no hubiera contaminación ambiental,  llegó también una comisión de WWF y también se presentaron personeros de una ONG proponiendo un proyecto para descontaminar los ríos y un plan de reforestación masiva, informando que ya tenían la aprobación de un préstamo blando para cada proyecto, con la condición de que se les diera a ellos el contrato para la ejecución de los mencionados proyectos.
   Ante tanta publicidad, se nombró de inmediato una comisión formada por un representante de cada organización, encabezada por el representante presidencial, con instrucciones de solucionar el problema a cualquier costo, pues era año electoral y debían demostrar capacidad para resolver toda situación irregular.
   La mencionada comisión se acercó al grupo representado por el oso con la propuesta de la reunión; enviaron entonces al lobo para que, con sus fuertes aullidos, invitara a los delegados de cada especie con sus respectivas demandas para incluirlas en la negociación. Una vez cumplida la misión encomendada, el lobo, agotado después de haber recorrido varias veces el bosque, se echó debajo de un árbol y se quedó dormido.
   Mientras tanto, la reunión dio inicio sin la presencia del lobo. Los habitantes del bosque presentaron sus demandas, las que se resumían en dos: la inmediata retirada de toda persona humana del área boscosa y el compromiso de no continuar contaminando las fuentes de agua que recorrían la foresta.
   Ante la presión de los medios de comunicación y organizaciones internacionales, los pobladores accedieron a todas las peticiones, además el maltrecho bosque ya no les daba recursos y el personero presidencial, ofreció a cada familia habitante del lugar, una casa y suficientes tierras en otro lugar. Todo sería costeado con el préstamo ofrecido por la ONG, haciendo los cambios necesarios.
   Después de haber firmado los miembros de las comisiones respectivas y mientras las diferentes cadenas noticiosas entrevistaban a los que habían intervenido, llegó una señora, con semblante muy afligido, informando que la hija de una vecina se había internado en el bosque hacia la casa de su abuelita y no había vuelto, la habían llamado por el celular sin obtener respuesta, por lo que temían que hubiera sido devorada por el lobo, ya que tampoco había sido visto desde hacía varias horas.
   De inmediato se declaró estado de excepción y  enviaron medio centenar de miembros de las fuerzas combinadas de la policía y el ejército a peinar el área llevando como seña, la indicación de que la niña llevaba una capa y gorra rojas. Después de varias horas de búsqueda, una patrulla encontró al lobo aún dormido y sin preguntar nada, le dieron una paliza y lo llevaron arrastrado de regreso al pueblo.
   Una de las cadenas noticiosas, se dedicó a investigar entrevistando a los pobladores pero no pudieron comprobar la veracidad de la historia ni existencia de la niña. La señora que hizo la denuncia les informó, a condición de que no se le mencionara, que una persona, a la que no podía identificar, le había dado una cantidad no mencionada de dólares para que llegara a presentar la denuncia.
   Con el tiempo, se empezaron a contar varias historias, hasta que la que más se popularizó fue la del lobo feroz, que se comió a la niña y la abuelita y que luego le fueron sacadas de la panza, vivas e ilesas por un heroico cazador. La historia era de lo más inverosímil, pero fue la que más le gustó a la gente, amiga de creerse las mayores fantasías.
   Lo cierto es que, efectivamente, la gente abandonó el lugar atraída por la oferta del gobierno y el bosque fue recuperando poco a poco su antiguo esplendor, hasta que llegó otro grupo encabezado por uno de los antiguos líderes desalojados a quienes, después de haber aportado una cuota en efectivo, les asignó su parcela de terreno con el ofrecimiento de que antes de las próximas elecciones el gobierno les construiría nuevas viviendas.
   Así fue como aquel bello bosque se volvió un asentamiento más; de cada grupo que llegaba, siempre se quedaban varias familias, pues conforme la ciudad iba creciendo, sus viviendas quedaron localizadas en un lugar envidiable.
   Con el tiempo, todo el mundo conocía la historia de la niña con la caperucita roja, aunque ignoraban dónde y cómo se había originado esa leyenda.
   Los cristalinos ríos y el sereno lago se secaron casi de inmediato. Con las remesas enviadas por familiares de los nuevos pobladores se construyó un desordenado caserío y ya nadie sabía que en un tiempo no muy lejano, ese lugar había sido lo más parecido a un paraíso y que, como otros tantos lugares, se había perdido para siempre.

Juan José Pratdesaba Barillas

   Noviembre de 2014  

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