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domingo, julio 30, 2006

MUERTE, ¡Ah que joder!

Por: Oscar "La Pulga" Asturias

Queridos amigos,

En su último correo, el Kalifa nos hablaba de lo bueno que es tener este foro para compartir ideas, sentimientos y hasta pajas que a uno se le ocurran; sobre todo esos recuerdos de la infancia que guardamos como un gran tesoro

. Este hecho cobra mayor relevancia si consideramos que los recuerdos se vuelven más importantes a medida que nos vamos haciendo viejos y paradójicamente, los vamos olvidando.

Siguiendo esa línea y sin el ánimo de ahuevar ni deprimir a nadie, sino sencillamente por enfrentar mis propios demonios interiores (esta frasecita me la piratié de una revista de TV novelas) quiero compartir con ustedes unas reflexiones que tuve ya hace algún tiempo:

Todo comenzó en una noche de brujas, no estoy seguro si por efecto de la goma que me andaba cargando o por quedarme hasta muy tarde viendo una película de horror en la tele.

Lo cierto es que mi múcura ya me lo había advertido:

“ Gordo, dejá de ver esas porquerías tan sangrientas, si no a la noche, entre pedos, ronquidos y brincos no me vas a dejar dormir”.

Yo por supuesto no le hice el menor caso y seguí cabeceando, mientras el asesino serial continuaba matando hasta la última de sus víctimas y ya de madrugada me fui a acostar por fin.

Un rato después, me despertaron los maullidos de dos gatos calientes revolcándose en el tejado y fue entonces cuando la vi… allí parada frente a mi, con sus ojos vacíos clavados en los míos.

La reconocí de inmediato, por su velo negro y sus manos huesudas, era la pelona, sin duda alguna.

Dominando el frío que me recorrió todo el espinazo y me congelaba la lengua, me animé a comenzar un diálogo…¿o monólogo? con ella, el cual y antes de que la memoria me abandone, les transcribo fielmente a continuación:


MUERTE… ¡Ah que joder!

Te tengo tanto miedo que siempre evito nombrarte,

y aún así, cuando lo hago estoy preocupado,

te pienso en otros y nunca en mi mismo..

Quisiera tener el valor para mirarte de frente y no sólo de soslayo,

pero reconozco que no lo tengo…

y no estoy seguro de llegar a tenerlo algún día.

Es más… no sé ni porqué hablo contigo con tanta confianza,

si esto no es más que un monólogo, si no eres mi amiga,

si ni siquiera te conozco.

…tal vez sea con el afán de tenerte de mi lado,

para escapar de mi destino,

escrito desde siempre en el polvo del que provengo,

porque no comprendo el que puedas ser siempre

tan fría,… tan impasible.

Me gusta mantenerte distante, lo más lejos que sea posible,

o esconderte detrás de mil cosas y quehaceres

hasta borrarte de mi mente por completo.

He creado un mundo fantástico,

es un lugar escondido en otra dimensión,

en el que todos vivimos felices.

Allí no tienes pasaporte de entrada,

eres perseguida como una terrorista.

Con sinceridad te confieso que lo que más me molesta de ti

es tu empeño en arruinar mi rutina,

mis planes para con todos los demás:

primero me dejaste huérfano a edad temprana…

y poco a poco te has ido llevando a todos los que más quiero.

A veces te imagino esbozando una sonrisa sarcástica,

mientras contemplas nuestro afán

por acumular un montón de cosas inútiles;

saboreando el gusto que te darás

al dejarnos sin nada para el último viaje,

en que ni una maleta, ni un recuerdo,

ni siquiera un trapo miserable

con que cubrir nuestra desnudez

dejarás pasar de contrabando.

Eres el prototipo de la paciencia…

de la paciencia con que el depredador observa a su presa,

que tiene segura, cautiva, indefensa,

mientras juega con ella al ratón y al gato.

Sin duda eres implacable y tu herramienta no cesará en su feroz tarea

mientras quede una sola espiga en el campo.

No se pierde un día sin que secuestres a alguien, conocido o extraño

Y siempre insistes en recordarme que aquí sólo estoy de paso

y que no existe escondite,

ni siquiera en la burbuja de mi mundo de fantasía.

Reconozco que conmigo has tenido paciencia

y que me has dado más oportunidad que a muchos.

Se que me tocaste muy cerca al menos una vez,

en que sentí tu aliento helado en el cuello y todavía me pregunto:

¿porqué me diste una segunda oportunidad?

Pero no me confío…

Y me esfuerzo, aunque sólo a medias por estar preparado para enfrentarte.

Si pudiera detener el tiempo te jugaría la vuelta…

pero el precio sería demasiado alto.

Cada cabello que cae,

cada nueva arruga que surca mi piel,

cada neurona que desaparece,

cada latido de mi corazón,

es un eslabón que se acorta

en la cadena que me ata a tu encuentro.

Si tuviera más fe…

si tuviera más confianza…

si no fuera tan apegado a todo lo que me rodea…

de seguro entonces sí…

podría verte a la cara sin temor

y encontrar en ti, aunque me cueste reconocerlo

a la mensajera de una vida mejor.

Amen¡

Oscarín

Enero del 2005

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