Después de la solemne misa y Te Deum salimos presurosos de la capilla, urgidos por celebrar
nuestro gran logro y olvidarnos del colegio y sus problemas para siempre. Al menos eso creíamos.
Era el sábado 22 de octubre de 1966, ya empezaba a caer la noche y no podíamos ocultar nuestra
alegría y satisfacción, listos para conquistar el mundo. Con edades en el rango de 16 a 19 años, y
con un promedio de 17, nos sentíamos triunfadores y, especialmente, después de resueltas las
engorrosas y poco ortodoxas situaciones que se dieron al final del año escolar, nos creíamos
capaces de superar casi cualquier dificultad. Nuestra incipiente e ingenua mentalidad, alimentada
por una exuberante cantidad de testosterona, y una arrogante, irreflexiva y vigorosa juventud,
desestimaba casi cualquier escollo que la vida arrojara a nuestro paso.
Si nos hubiesen preguntado cómo nos veíamos 20 años después, a los 37 de edad, diríamos que
estaríamos en la plenitud de la vida, el pináculo de nuestra existencia. Ni de asomo se nos ocurriría
pensar que pudiera ser de otro modo. Los que se hubiesen preocupado en meditar la respuesta
probablemente hubiesen contestado que se veían como jefes de familia; ejecutivos de una empresa,
quizá internacional, en la que ascenderían por propios méritos y en la que tal vez se les daría el
impulso para emprender su propio negocio; o ejerciendo exitosamente una profesión; o dedicados
a actividades comerciales, agrícolas o industriales; o quizá en la milicia; o persiguiendo principios
ideológicos, sociales o religiosos.
En realidad, cabrían todo tipo de respuestas, hasta aquella usada en el faro por un vivaracho
compañerito, “La vida es una tómbola”, de la canción de la época interpretada por Marisol, y la que,
a la postre, nos demostró ser la más certera e ingeniosa; la vida se empeñó en demostrarnos ser
totalmente impredecible, caprichosa y dictadora de inapelables sentencias, con los más
inesperados giros y diversas y, a veces, terribles consecuencias.
Menos de un mes después de la graduación la
“guadaña” golpeó
con la más dura realidad nuestro sin par optimismo. En la
madrugada del 19 de noviembre, en un fatídico accidente
automovilístico, subiendo de Panajachel a Sololá, perdimos al
primero de nuestros queridos compañeros, Carlos Godoy Flores.
Hace poco Quico Bernat envió este recorte al chat, que al leerlo
remueve en nuestra mente los recuerdos del momento en que, con
profundo estupor y congoja, conocimos la trágica noticia.
Pero el tiempo siguió corriendo, y aprendimos que la vida persistía
y que, a pesar de todo, “la tómbola” nunca dejaba de girar. Algunos
continuaron estudios universitarios, en Guatemala o en el
extranjero, otros buscaron trabajos en empresas privadas o
dependencias públicas, hubo quienes se marcharon a otros
países, y quienes emprendieron actividades comerciales,
industriales o agrícolas, y otros se involucraron en causas sociales,
de protesta o clandestinas. Cada uno, para bien o para mal,
avanzábamos ineludiblemente al encuentro de nuestro destino.
Nuestra heterogeneidad se evidenció en las diferentes actividades
que escogimos para desenvolvernos en la vida, y pronto una gran
mayoría se dedicó al logro de sus objetivos personales y familiares, superando y sobreviviendo el
vaivén de las vicisitudes de la época, teniendo que tomar las precauciones impuestas por la
inseguridad y la violencia que se vivían, algunas veces navegando entre dos fuegos. De todos, uno
de nuestros compañeros escogió la profesión militar; y un mínimo grupo, contado con los dedos de
las manos, se unió a la subversión; uno de ellos, fiel a sus principios hasta el final, continúa aún en
lo que él considera la lucha por los más necesitados. Ninguno escogió el sacerdocio.
Al paso de los años, conforme realizamos más actividades y tuvimos mayores obligaciones y
responsabilidades el tiempo pareció írsenos reduciendo. La vida se nos empezó a pasar más rápido,
se nos acortaban los meses, y luego los años, ocupados en cumplir nuestros objetivos y lidiar con
nuestros problemas y, para los que teníamos familias, estar pendientes de su bienestar. Gozamos y
sufrimos, nos divertimos y mortificamos, avanzamos y algunas veces retrocedimos. Hubo
momentos buenos y situaciones difíciles, algunas verdaderamente peligrosas, terribles o muy
tristes, y las sobrevivimos, a veces por simple suerte, que así llamamos a la intervención Divina.
Nacimos en los albores de la era atómica, propiciada por la 2ª Guerra Mundial, la más grande
conflagración hasta entonces vivida por la humanidad. En Guatemala, coincidiendo con el final de
la guerra surgió el movimiento que culminaría el 20 de octubre de 1945 con la Revolución del mismo
nombre. Encajamos casi exactamente con el inicio de la “Guerra Fría”, resultado de la disputa por
la hegemonía mundial entre los otrora aliados de la 2ª Guerra: la Unión Soviética y los Estados
Unidos. El 14 de mayo de 1948 se fundó el Estado de Israel, proceso en el cual, como país, fuimos
el segundo voto a favor, después de los Estados Unidos. En 1949 los Estados Unidos promovieron
la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para defensa de los países
europeos y, en 1955, la Unión Soviética estableció el Pacto de Varsovia para unión y fortificación de los países del bloque soviético. Nosotros, sin saberlo, seríamos en un futuro cercano fichas
importantes en su juego de ajedrez político.
En 1954, nueve años después de la Revolución del 20 de octubre, aún nosotros de muy corta edad,
el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), apoyado por la CIA y encabezado por Carlos Castillo
Armas derrocó a Jacobo Árbenz, terminando los gobiernos de La Revolución e iniciándose los
militares, por “elecciones libres” o golpes de estado, que se alargaron hasta 1985; Eisenhower se
refirió en esa ocasión a Guatemala como “La vitrina del anticomunismo del mundo libre”. Castillo
Armas fue asesinado en julio de 1957, sucediéndole varios gobiernos interinos, hasta elegirse a
Miguel Ydígoras Fuentes (1958-1963). El 1 de enero de 1959 Fidel Castro, derrocó a Batista y bajó de
la Sierra Maestra a la Habana, portando rosarios al cuello e invocando ferviente ardor religioso.
El 14 de enero de 1960 toma posesión John F. Kennedy, primer presidente católico de los Estados
Unidos. El 13 de noviembre Marco Antonio Yon Sosa, Luis Augusto Turcios Lima y Luis Trejo Esquivel,
oficiales disidentes del ejército forman en Guatemala el “Movimiento Revolucionario 13 de
Noviembre” (MR-13), marcando el inicio de la “Guerra de los 36 años”. En abril de 1961 se inicia la
fracasada invasión de Bahía de Cochinos; el territorio guatemalteco se utilizó para entrenamiento
de combatientes, almacenamiento de pertrechos y despegue de aviones de combate; en agosto el
Canciller guatemalteco Jesús Unda Murillo1 firma la carta de la OEA de Punta del Este, Uruguay y se
inicia el programa “Alianza para el progreso” (ALPRO). En 1962, del 16 al 28 de octubre, Estados
Unidos impone el bloqueo naval al envío de misiles rusos a Cuba, poniéndose el mundo al borde de
la 3ª Guerra Mundial. En diciembre un grupo disidente del MR-13 forma las Fuerzas Armadas
Rebeldes (FAR) y nombra a Turcios Lima jefe militar. El 31 de marzo de 1963, el coronel Enrique
Peralta Azurdia, ante el temor, entre otros, de que Juan José Arévalo participe en las próximas
elecciones, da golpe de estado al General Ydigoras Fuentes. El 22 de noviembre es asesinado en
Dallas, Texas el presidente norteamericano John F. Kennedy. En diciembre de 1964 fallece el
arzobispo Rosell y Arellano y es sustituido por el obispo Mario Casariego, conocido por su simpatía
con las élites del país. En 1965 las FAR se reorganizan en la Sierra de las Minas, y el ejército, para
sofocar las operaciones guerrilleras, nombra al coronel Carlos Arana Osorio jefe de la zona militar
de Zacapa quien, por su desempeño, llegó a ser conocido como “el chacal de oriente”.
En 1966, al salir del colegio nos dimos de cara con la evolución de una época por demás convulsa y
controversial, con actos de violencia que seguían poniendo al mundo en riesgo y al país en las
noticias y portadas de los más importantes medios noticiosos alrededor del planeta. Julio César
Méndez Montenegro (1966-1970) único presidente civil de Guatemala en el período de 1954 a 1986,
fue obligado por la cúpula militar a firmar un acuerdo de no intervención previo a su toma de
posesión. Aún estábamos pendientes de exámenes privados cuando el 2 de octubre muere en un
sospechoso accidente de tránsito Luis Augusto Turcios Lima. En julio de 1967, es asesinado Carlos
Cheesman, piloto aviador afín al MLN; en diciembre es secuestrada y posteriormente torturada,
violada y asesinada Rogelia Cruz Martínez, Miss Guatemala 1958, de conocida afiliación guerrillera.
El 28 de agosto de 1968 es ejecutado por la guerrilla John Gordon Mein, primer Embajador de los
Estados Unidos asesinado en funciones. El 20 de julio de 1969 los Estados Unidos ganan la carrera
espacial cuando el Apolo 11 lleva a Neil Armstrong a la luna. En enero de 1970 es emboscado y asesinado Isidoro Zarco, subgerente de Prensa Libre; en abril la guerrilla ejecuta al Conde Karl Von
Spreti, Embajador de Alemania Occidental; en julio toma posesión de la presidencia Carlos Arana
Osorio. En febrero de 1971 es asesinado el diputado e intelectual de izquierda Adolfo “Fito” Mijangos
López. En los primeros meses de 1972, a raíz de una división dentro de las FAR por la aplastante
derrota sufrida por la guerrilla a finales de 1968 en el oriente del país, es conformado el Ejército
Guerrillero de los Pobres (EGP), ingresando desde México a la región del Ixcán. En mayo de 1973 se
reporta la matanza de Sansirisay en el oriente del país y en la que se trata de culpar, sin éxito, al
General Efraín Ríos Montt, en ese momento jefe del Estado Mayor del Ejército. El 9 de agosto de
1974, en medio del escándalo del Watergate, renuncia Richard Nixon a la presidencia de los Estados
Unidos. En la primavera de 1975 finaliza la guerra del Vietnam, con victoria para el Vietnam del
Norte, apoyado por Rusia y China; en junio es asesinado por la guerrilla José Luis Arenas2 en su finca
“La Perla”, mientras pagaba jornales a más de 300 de sus trabajadores; la guerrilla aprovechó para
acercarse a la población y ejecutó pronto a más finqueros, y aislando a otros que no podían llegar a
sus propiedades por amenazas, o porque sus fincas habían sido destruidas o quemadas, o sus
empleados asesinados. En natural consecuencia el ejército contraatacó, provocándose en la región
un dramático escalamiento de la violencia, que pronto se extendió al resto del país. El desarrollo
económico y social se vio restringido significativamente.
Por si fuera poco, el 4 de febrero de 1976 sufrimos un terremoto que dejó más de 33,000 muertes y
desolación en casi toda la república. En enero de 1977 toma posesión de la presidencia de los
Estados Unidos Jimmy Carter, bajo su mandato caen Irán y Nicaragua, y se fortalecen las guerrillas
de Guatemala y El Salvador; en junio es asesinado el abogado Mario López Larrave. En octubre de
1978 es ultimado el dirigente estudiantil Oliverio Castañeda De León. En enero de 1979 asesinan a
Alberto Fuentes Mohr; el 22 de marzo sicarios en vehículos oficiales y con apoyo aéreo ejecutan a a
Manuel Colom Argueta; en junio, en represalia por el asesinato de Colom Argueta, es asesinado el
General David Cancinos, jefe del estado mayor del ejército.
El 31 de enero de 1980 se produce la quema de la embajada de España, en la que se contabilizan 37
muertos, incluyendo estudiantes universitarios, campesinos de la región de El Quiché, que habían
tomado la embajada y entre los que se encontraba el padre de Rigoberta Menchú, personal de la
embajada, el exvicepresidente de Guatemala Eduardo Cáceres LenhoA y el excanciller Adolfo
Molina Orantes. Ambas facciones siguen atribuyéndose la responsabilidad, pero la documentación,
videos y deposiciones de familiares y testigos señalan al gobierno como responsable final de la
tragedia, que en primer lugar nunca hubiera ocurrido si no se hubiera invadido la Embajada; en
octubre es secuestrada la periodista Irma Flaquer y en el atentado es asesinado su hijo, ella nunca
aparece. En enero de 1981 Ronald Reagan toma posesión de la presidencia de los Estados Unidos.
En diciembre de 1982, en La Libertad, Petén, se perpetra la masacre de Las Dos Erres; y así se puede
continuar la interminable lista de víctimas y hechos más, que, con mucha, poca o ninguna
publicidad, caen bajo la responsabilidad de ambos grupos en las zonas urbanas y rurales, en el
altiplano, en el triángulo Ixil, en El Petén y en el resto de la república.
Romeo Lucas (julio 1978-marzo 1982) fue el último presidente “electo”, le siguieron por golpes de
estado Efraín Ríos Montt (marzo 1982-agosto 1983) y Humberto Mejía Víctores (agosto 1983-enero
1986), los tres últimos gobernantes militares son señalados, entre otros, por crímenes de lesa humanidad y la política de tierra arrasada. Con Vinicio Cerezo se inició en 1986 el período
“democrático” actual, con la interrupción causada el 1 de junio de 1993 por el golpe de estado de
Jorge Serrano Elías. El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín y marca el fin de la guerra fría y
la desaparición de la Unión Soviética como tal.
Las hostilidades entre guerrilla y ejército continuaron durante el nuevo período “democrático”, con
víctimas y masacres por ambos grupos, siendo siempre el pueblo quien puso la mayor parte de los
muertos y desaparecidos. No fue sino hasta el 26 de diciembre de 1996, durante la presidencia de
Álvaro Arzú, después de once años de negociaciones, 36 de conflicto armado y de más de 200,000
muertos y 50,000 desaparecidos, que se firmaron los acuerdos de paz. Las víctimas provinieron de
todos los rincones del país, clases sociales, niveles económicos, ideologías, religión, afiliación
política, etnia, sexo, profesión, oficio o actividad. Casi todas las familias de la época tuvieron algún
conocido o familiar víctima de la violencia durante ese sangriento y sórdido período.
Pero no estuvimos solos en este proceso, en julio de 1979 los sandinistas asumieron el poder en
Nicaragua, derrocando a Somoza y finalmente asesinándolo en Paraguay en septiembre de 1980, en
donde vivía por haberle negado asilo político el gobierno de los Estados Unidos, presidido por Jimmy
Carter, saga que aún continúa con el matrimonio Ortega Murillo, quienes se esfuerzan en demostrar
a saciedad que son mucho peor que el régimen somocista, execrables en todo sentido. En El
Salvador la guerrilla, en la década de los 80, estuvo muy cerca de derrocar al gobierno, evitado
únicamente por el apoyo directo de Norteamérica. Miles de nicaragüenses y salvadoreños migraron,
en forma definitiva o temporal, afectándose todas las economías regionales, instaurándose en
Guatemala un estricto control de cambios para evitar la fuga de divisas; nuestro tipo de cambio
nunca recuperó la paridad. Honduras, para ayudar a contener la insurgencia local y frenar tanto a
los sandinistas como al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), negoció la
instalación en su suelo de la base militar estadunidense de Palmerola.
A pesar de todo logramos estudiar, trabajar, vivir, divertirnos y sobrevivir durante esos aciagos años
y, lo que nunca nos faltó fueron las ganas, el gusto y el afán de reunirnos, y compartir nuestras viejas
y nuevas experiencias, con un cariño y alegría tal vez mayores de las que sentíamos en el colegio.
Desde la reunión de Miralvalle en 1967 no hemos pasado un sólo año sin celebrar al menos una
reunión, a veces más de una. Ahora se celebran13 desayunos anuales y 50 reuniones en zoom.
Al finalizar el siglo XX alcanzamos el medio siglo de edad y, casi sin darnos cuenta, y sin mucho
quererlo, fuimos plateando sienes y mostrando arrugas. Logramos atravesar y superar la segunda
mitad del siglo XX, y ahora llevamos recorrida la primera cuarta parte del XXI, en la que ya
sobrevivimos una pandemia y hemos sufrido las peores gobernanzas en la historia de este país, las
que se superan en cada período, con violencia que no cesa, de otra índole, pero más generalizada,
peligrosa y cruel, de maras, narcotráfico y corrupción. A nivel mundial hemos presenciado
situaciones políticas que fueron antes inverosímiles, con funcionarios ajenos a los conceptos de
formalidad y propiedad que se acostumbraban, presenciando denigrantes espectáculos entre
mandatarios de distintas naciones. Pero, también en este tiempo que Dios nos ha regalado hemos
visto los avances más extraordinarios de la historia. Como contraparte a las experiencias negativas,
tuvimos el privilegio de existir en una época que cambió el planeta en forma trascendental y
acelerada, con buenos y malos resultados, y otros que aún ni imaginamos cómo terminarán.
Éramos aún muy jóvenes cuando empezamos a alcanzar lo que considerábamos ciencia ficción, y
en algunos casos pronto la superamos. Libros, junto a películas y programas de televisión fueron
poco a poco dejando de ser fantasía: 20,000 leguas de Viaje Submarino, El Viaje a la Luna y La Vuelta
al Mundo en 80 días de Julio Verne ya no fueron simple imaginación. Ya hubiera querido Dick Tracy
tener a su disposición algunos de los dispositivos que hoy usa a diario el ciudadano común, no
digamos los que tienen los organismos de investigación y espionaje de las “Superpotencias”. El Viaje
al Centro de la Tierra de Julio Verne, y La Máquina del Tiempo y La Guerra de los Mundos de H. G.
Wells son quizá de los pocos libros de esa época que aún faltan por realizarse.
Los avances y descubrimientos que hemos presenciado en electrónica, computación y
comunicaciones han sido innumerables y vertiginosos, y se han propagado a todas las demás
ciencias, disciplinas y a nuestra misma forma de vida. El cuerpo es hoy escudriñado por aparatos y
dispositivos que dan a los médicos el diagnóstico más preciso y el tratamiento más adecuado; los
procedimientos quirúrgicos son realizados con menor trauma, riesgo y mayor certeza y exactitud
(menos invasivos), micro instrumentos de alta tecnología dirigen al cirujano desde el interior del
cuerpo del paciente para hacer su labor; y la robótica e inteligencia artificial nos hacen pensar que
en un futuro ya no se necesitaran médicos y cirujanos como hoy los conocemos.
Crecimos con una enorme escasez de líneas telefónicas, el costo de las llamadas de larga distancia
nacional e internacional era exorbitante, y se hacían por operadora, hoy nos comunicarnos con voz
e imagen a cualquier lugar del mundo, sin costo adicional a aquel del servicio mensual, con oferta
ilimitada de líneas, y aparatos que son realmente computadoras en miniatura integradas al celular,
que además toma fotos, videos, música, escanea, nos lee libros, vemos películas, usamos como
GPS y, en realidad, el límite lo da la aplicación que le instalemos. Empezamos viendo televisión en
blanco y negro, con pobre recepción, en horarios, canales y programas limitados; hoy disponemos
de aparatos de alta resolución, con nítidos colores, teatro en casa, con gigantescas pantallas y
servicios que hacen casi infinitas nuestras posibilidades de entretenimiento, con acceso en vivo a
eventos que ocurren casi en cualquier lugar del mundo y programación de 24 horas. Ya existen los
drones y los autos sin piloto, y anuncian a pocos años los voladores. Ignoramos cuántos satélites
circunnavegan el espacio, proporcionando y distribuyendo información, vigilándonos, muchos de
ellos con fines bélicos. Hace algunos años, por primera vez en la historia, alcanzamos la dudosa
distinción de construir armas capaces de destruir el planeta, antes sólo lográbamos destruir
parcialmente zonas específicas.
No cabe duda de que la inteligencia artificial y las redes neuronales acelerarán los avances y
cambiarán aún más las formas de vida del futuro, algunos de ellos quizá aún veremos. Queda atrás
el lejano y borroso recuerdo del maestro usando la tiza y la almohadilla, mientras escribía en el
pizarrón sus enseñanzas, auxiliado en algunos casos por una gigantesca regla, trasportador y
compás, motivándonos con los temidos coscorrones, mientras sacábamos nuestros libros,
cuadernos, lápiz, sacapuntas y borrador para no perder detalle. Hoy hay tablets y Google.
A 58 años y unos meses después de graduarnos, cuando incalculable cantidad de agua ha corrido
bajo el puente de nuestras vidas, y de que muchos y queridos compañeros más también han cruzado
hacia el infinito, nos damos cuenta de que esa lista que se inició con Carlos Godoy pronto empezó
a crecer, y contabiliza hoy 47 (43%) de condiscípulos fallecidos, eso es más de una sección gozando de la presencia de Nuestro Señor, la cual reúne gran parte del
inquieto grupo bohemio. La lista no se detiene, al contrario, se
engrosa aceleradamente con los años.
Enorme cantidad de recuerdos se agolpan en el vacío que han
dejado en nuestras vidas cada uno de estos queridos compañeros,
a los que guardamos entrañable afecto, y a quienes nos unió una
profunda camaradería y hermandad. Todos, a lo largo del recorrido
de la vida, nos dejaron preciosos momentos e irrecuperables
vivencias para recordar y añorar.
Recientemente el joven José (Pepe Muñoz) nos compartió un
mensaje pertinente a la edad y la muerte. Nos escapamos por un
pelo de pertenecer al grupo allí mencionado (1930-1946).
El artículo no indica el método de cálculo,
ni especifica resultados por intervalo y, obviamente, la mayoría de los vivos deben estar entre 1944
y 1946. Afortunadamente los valores, como están presentados, no se proyectan sobre la población
de la Gloriosa Promoción 66, ya que de ser así quedarían hoy ya solo de 1 a 3 vivos, a lo sumo 10 por
la diferencia en el rango de fechas (1934-1950).
Independientemente de su exactitud, el mensaje nos llama a reflexionar y reconocer que recorremos
el último trecho de nuestra vida terrenal, actualizando nuevamente la pregunta: “¿Cómo nos
visualizamos en 20 años?”, por simple aritmética, 20 años nos llevan al 2045, y a 95 de edad, la
que, como mínimo, es considerada avanzada, o de estricta ancianidad. El tango alegremente dice
“20 años no es nada”, pero en este caso puede ser mucho. Sin ir tan lejos, me pregunto ¿Quiénes de
nosotros llegarán a terminar este 2025? Y no digamos al 2045. Desde hace algún tiempo cada año
que empieza me hago la misma pregunta. ¿Llegaré al próximo?
La vida es frágil, y aunque la cuidemos, la podemos perder en un soplo; Con el tiempo vamos
perdiendo facultades, y debemos disfrutar día a día lo que podamos. Lo que hacemos hoy tal vez
mañana nos sea imposible. Para los que lleguen a esa hoy
lejana fecha del 2045 ¿En qué
condiciones llegarán? Sólo Dios lo sabe y decide. Elevamos nuestras oraciones para ser física,
emocional y mentalmente autosuficientes, tener compañía, ser financieramente solventes y
capaces de administrar eficientemente nuestra economía; y, al dejar este mundo, pedimos hacerlo
en la forma más rápida e indolora posible. Pero eso depende únicamente de
La Voluntad de El Señor, Gracias a Dios no sabemos cómo, cuándo ni dónde.
Inexplicablemente y, a pesar de los achaques e inconvenientes propios de
la edad, seguimos luchando para que esto no se acabe, y lo pelearemos,
como dijo Yogi Berra: “Hasta que se acabe”3.
Desde siempre el hombre ha temido a la muerte. Según Platón, Sócrates lo
comentaba al tomar la cicuta en el 339 a. C., y decía que tal vez era la mayor
bendición del ser humano, y no el peor de los males, como por ignorancia
se cree. Ve tú a saber, y ni quien lo contradiga. Lo cierto es que casi nadie
se quiere morir. La muerte es lo único que tenemos seguro al nacer, y es un
misterio lo que nos espera después. La Vida Eterna la creemos por Fe y formación religiosa y, lo que por Fe creemos, así será. Jesucristo le dijo a Dimas “Hoy mismo estarás
conmigo en el Paraíso”, pero ¿Adonde fue Gestas? ¿Al infierno, al purgatorio, al limbo, a ningún lado?
Nos dijo una vez don Eloy que a Alexis Carrel (“De ateo a católico”) le dijeron que se llevaría un gran
chasco si al morir no hubiera infierno, y Carrel respondió “Pero que chasco para usted si lo hay”.
Mientras haya vida hay tiempo de arrepentimiento y esperanza.
Hace unos meses, conversando sobre la vida y la muerte con Pepe Gándara, me decía este, con toda
razón, que los dos aún vivimos gracias a los recientes avances de la medicina, ya que la tecnología
y los adelantos científicos han puesto a nuestra disposición conocimientos, técnicas y
medicamentos que hace unos años no existían, y que siguen avanzando y sorprendiéndonos. Pero
las Leyes de Dios y la Naturaleza se mantienen incólumes: “Los seres vivos nacen, crecen, se
reproducen y mueren”. Hemos cumplido las primeras tres etapas Dios dirá cuando a cada uno nos
tocará la cuarta. El tiempo inexorable hace sonar estridente las alarmas del crono, y vemos cada
año que pasa caer a nuestro alrededor más de nuestros queridos compañeros, mientras
pacientemente esperamos nuestro turno, pero, mientras eso sucede, sigamos el consejo que Albert
Camus le dio a sus alumnos, comparando la vida con una vela encendida: “iluminemos todo lo que
podamos mientras gozamos de la bendición de estar vivos”.
Debemos de estar más que agradecidos con Dios por la vida que nos ha dado, la oportunidad de
haber vivido nuestra infancia y adolescencia con las ventajas y el ambiente en que lo hicimos, lo que
vimos y lo que disfrutamos. Crecimos con cierta libertad y seguridad, nos entretuvimos casi siempre
sanamente, deambulamos por las calles sin mayor riesgo, usamos nuestro tiempo al aire libre para
jugar chamuscas, cincos, chajalay, trompo, capirucho, elevar barrilete, tocar timbres en el
vecindario, tirar pedos químicos, patinar, andar en bicicleta, ir al cine y protestar con vehemencia a
la hora de entrar a la casa. Mientras crecimos no conocimos “la hora pico”, el viaje en bus al colegio
se hacía en menos de 45 minutos, y en carro, eran 10 o 15, y si vivías cerca caminabas; de allí nuestra
oportunidad de salir de la casa después de las 7 am y regresar a almorzar antes de empezar la
jornada de la tarde. Y de gozar nuestro tiempo libre. Lujo hoy inexistente por el desmedido tráfico,
delincuencia, sobrepoblación y contaminación. Como adultos logramos formar familias y criamos
y educamos a nuestros hijos, y hemos disfrutado de la compañía de nietos y hasta de bisnietos.
Gozamos de innumerables bendiciones. Unas de ellas ni siquiera nos dimos cuenta de que Dios nos
las había concedido, y tal vez sin habérselas pedido. Nos cayeron del cielo, como el maná. Y los
malos ratos que hemos superado nos han hecho ser más fuertes, y apreciar mejor los buenos.

Una de nuestras grandes bendiciones es la
cosecha, a lo largo de la vida, de los lazos de
una profunda, entrañable e inquebrantable
amistad, sembrada en las aulas y patios de
recreo del colegio, con un cariño que se ha
mantenido y crecido a lo largo de los más de
69 años transcurridos desde primer grado
(enero de 1956). Vale mencionar aquí el
acertado mote:
“Nuestros compañeritos de
Pupitre”, acuñado sabiamente respecto a
nuestra unión escolar por mi querido compadre Roberto Arturo “Robi” Barillas Cañellas ¡Clarines,
laureles! ¡Gracias Oh Dios Mío por tanto que nos has dado!¡Tantas cosas buenas y tantas lecciones aprendidas!
“Lástima no haber sabido antes lo que hoy sabemos”, o como reza el refrán popular,
“Si
el joven supiera y el viejo pudiera”, pero de eso se ha tratado esta vida: de intenso, continuo y,
muchas veces, doloroso aprendizaje. Los años vividos y las situaciones que hemos atravesado tal
vez nos permitan entender y disfrutar hoy un poco mejor el famoso poema
“En Paz” de Amado
Nervo:
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
Que, si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ella puse hiel o mieles sabrosas,
cuando planté rosales, coseché siempre rosas;
…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas; más no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!¡Vida, estamos en paz!
V.J.M.J. Guatemala, marzo de 2025.
Br. Julio César Prado Sánchez
IN MEMORIAM
____________________________
1. El abogado Jesús Unda Murillo, connotado profesional guatemalteco, es padre de nuestro compañero
Víctor Estuardo “Chusito” Unda Toriello y ministro de relaciones exteriores de Guatemala en ese momento.
2. Conocido como “El Tigre del Ixcán” y padre de nuestro compañero Enrique Arenas Menes (QEPD).
3. It ain’t over ‘till it’s over.